Es una música rítmica que se mezcla entre pasión, dolor, desamor, amargura, deleite, enamoramientos y pérdidas, que nace en las cuevas de Granada. Rayos de luz que se pierden en un callejón oscuro de Triana, para mezclar esas notas alegres como un mantón de Manila, tristes como el luto de la semana Santa Sevillana, aflijidos y quebrados como cuando el toro pilló a Manolete, al Cordobés o tantos otros toreros que se mueren ardiendo en su arte, convirtiéndo al flamenco en un ritmo poderoso, indeleble y extasiado. Los gitanos se enardecen como llamas, hacen llorar y crujir a una guitarra, como la de Francisco Tárrega, simulando el correr del agua por las fuentes de la Alhambra, regocijándonos con las cuerdas vivas, acompañandose se una voz quebrada, canto hondo. Es dolor del alma que se lleva en los pies de Carmen Amaya, alegría de las palmas de Rosa Durán, un fenómeno contradictorio y ardiente, como llegan a ser Joaquín Cortés o Farruquito, gitano que baila, gitano que hipnotiza.
Ellos, los gitanos, son atrevidos, audaces y espontáneos; locos, extrovertidos e improvisados. Se dejan llevar por las brasas que nunca se apagan ... y bailan el ritmo de un compás feroz como un toro, majestuoso como la Sierra Nevada, colorado como un clavel Sevillano, incansable como ese aplauso que se da cargado de admiración y eterno como son los campos de olivos y pimientos que tiñen de verde y sólo de verde cientos de kilómetros el Sur de España.
Friday, March 11, 2016
Flamenco
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