Me voy padre, sin aflicción alguna.
Me llevo sus besos, sus caricias suaves, sus lágrimas que me mojaron, sus dedos que me acariciaron.
Me voy como un suspiro de amor. Tan alimentado en mi día a día, como un gorrión, sé que toda su preocupación no era más que puro amor.
Cómo duele... hasta que el corazón se quiebra como cántaro de barro. Duele hasta que sangra y se secan las lágrimas. Duele lo sé. Pero también sé que el amor sana. Dios sana. Dios me tiene en sus brazos. Dios los ama. Dios está con ustedes y yo estoy con El. Les pido que no se cierren. Abran sus brazos y reciban las bendiciones de cada día. Éste ha sido un trecho amargo, una lección de vida para ustedes y la vida mia.
Gracias por sus brazos bondadosos. Gracias por sus cuidados desbordados, por sus abrazos silenciosos y por sus besos ahogados. Gracias por bañarme, por hacerme reír y darme de comer. Gracias por arrullarme y cantarme, y mirarme mientras dormía. Gracias por sacarme a tomar el sol y por hacerme escuchar el bendito sonido de la lluvia. Gracias por planear un futuro conmigo, por recibirme con los brazos abiertos y haber volteado cielo, mar y tierra para salvarme. Gracias por las oraciones que elevaron al cielo en mi nombre. Gracias.
Aquí no hay abandono. Yo estoy con Dios, Dios está con ustedes. Bendita la vida que me dió a ustedes como padres. Bendita la alegría con la que me recibieron. Benditos momentos compartidos. Benditos ustedes.
Los amaré siempre siempre
Su bebé Benjamín Elias
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