Wednesday, November 9, 2016

El silencio de mi regazo

¡Esta chamaca me saca la risa! Con sus siete años y la falta de dientes viene a hacerme preguntas y se va corriedo hecha una alharaca espabilada. Me deja pensativa, por suerte ando barriendo, así me sostengo fuerte al palo de la escoba. Vino a preguntarme todo sobre mi familia, acabé contándole lo que quería escuchar. Que nací en Cacalomacan y tuve seis hermanas, me pregunta cuando nacieron  y me invento fechas, porque no sé y nadie nunca me lo había preguntado, pero a ella las cuentas no le cuadran y apunta en un papel. ¡Y eso me da risa! Es tan inocente y llena de ilusiones, para que le rompo su paz. Yo nací en Cacalomacán, cuando un viaje a Toluca representaba toda una jornada laboral. El tiempo no se podía perder y menos para ir a sacar papeles oficiales, total que ahí nacía uno, toda la vida pasaba ahí mismo, y bien que la tierra sabía que de ahí merito eramos. En mi pueblo de Cacalomacán, las calles estaban hechas de tierra, los muros eran blancos y había flores. Flores de colores hasta que llegó el hambre. Se dejaron venir los Revolucionarios que querían llevarse a mi mamacita para que les cocinara, y como no quiso pues acribillaron a mi papacito ahí mismo. Ni como detenerle la sangre, estaba echo un estropicio y con su sangre toda escurrida. Se murió con cara de susto y yo mirándolo sin comprender. Cómo sufrió mi mamacita su decisión. La revolución se comió el tiempo de mi infancía, fue larga como el paseo de los Insurgentes y extensa como el estado de Coahuila. Hubo ideales como locos en un manicomio y matanzas como ratas en Chapultepec. Recuerdo comer maíz, tortillas, frijoles, huevos, queso fresco y crema que haciamos ahí mismo.
A esta  chiquita le gusta tenderse en la cama, colocar la cabeza en mis piernas y que le acaricie el pelo y las orejas y le gusta que le cuente de mi vida, pero le cuento cuentos.
      Veo mis manos artríticas mientras le acaricio las orejas y recuerdo a mi madre desgranando el maíz para hacer pozole y no se quejaba de dolor, y sé que le dolía, pero a ella le dolió mas la vida que sus coyunturas, por eso ni se quejaba.
   ¡Cómo me gusta ver y escuchar la alegría de esta chamaca! verla contenta revoloteando de aquí para allá, crecerá y como a todos nos pasa, conocerá el dolor, las pérdidas, y tendrá que acostumbrarse, ¿ para qué se lo adelanto? ¿para qué la desquebrajo? que le dure el frescor del alma. Le pido a Dios que su dolor no sea de tragedias, que sea el proceso normal de una vida vivida dulcemente....

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