Friday, November 11, 2016

11 de Noviembre

De niña fui muchos años al panteón francés, vestida con mi uniforme de scout a rendir homenaje a los heroes caidos durante la primera guerra mundial. Hablaba el embajador de Francia en México, el consul también, dirigian algunas palabras cariñosas a los sobrevivientes  presentes, yo ahí solemnemente parada detenía con todas mis fuerzas la bandera de México o la de Francia, con mucho orgullo porque sabía que mi bisabuelo había sufrido las trincheras de la guerra, que había estado atrapado durante tres días, con sus pulmones colapsándose, que volvió con su familía a México, pero sobre todo por ese amor, esa entrega con la que él y miles de hombres y mujeres dieron sus vidas por las causas de la Patria y/o de quienes la gobiernan. Admirable!
El homenaje no es suficiente.
El minuto de silencio, me inundaba de lágrimas los ojos y en aquel entonces no imaginé las atrocidades que vivieron, el olor a carne podrida que atascó el aire de Europa por tantos años, las viceras desperdigadas, las pérdidas de cada instante, el miedo de morir, de perderse, de caer en manos del enemigo. Ahora lo puedo imaginar un poco mejor pero nunca en su totalidad. Porque un soldado que ha vivido la guerra, caminado el campo de batalla, que ha dejado su sangre, su miedo, su cordura, ese soldado entonces sabe mejor que nadie el valor de la paz. El inmenso gozo que inundan el corazón las palabras: "te vas a casa" y el alivio de saber que la paz se ha firmado.
Y vuelven... a enfrentar la vida, sin bombardeos, ni persecuciones,  logrando ver la vida a través de esa sensación de paz, que no todos alcanzan, porque a algunos los persiguen siempre los demonios.

Por esos soldados que dan su cordura y su entereza persiguiendo los ideales de algún loco al que el pueblo le otorgó el poder en pleno uso de su estupidez.
AMEN

No comments:

Post a Comment