Una a una, salen las gotas de sangre através de ese catéter, circulan por esa máquina con un ruido que aturde y regresa limpia por esos tubos que simúlan el funcionamiento de su único riñon ahora atrofiado por el paso del tiempo. Transcurren cinco horas, tiempo que le toma a la máquina purificar cada gota de sangre. Lleva dos transplantes exitosos de riñon, cada uno le ha durado dieciocho años en promedio, su padre le cedió el primero, su madre el segundo. Con ellos se acopló a la vida. Ella forma parte de las estadísticas, de los experimentos,de los sobrevivientes, de los casos exítosos de los avances de la medicina. Una luchadora que ha conquistado metas día a día.
Su historia es un registro de glóbulos rojos, linfocitos, potasio, presión, ..., presión sanguinea y presión personal. Ha querido sobresalir por sus cualidades mentales, nunca por sus deficiencias renales.
Formada en la inmensidad de esa desconocida angústia que pocos experimentan, ese desconcierto de saber si mañana va a ser un día normal o si el riñon adoptado va a seguir purificando la sangre como debe ser o si va a dar señales de temprana descomposición. Un conmovedor e inverosímil recorrido de la vida.
Cada mañana amanece con la esperanza que alguien en algún rincón del mundo, done sus órganos por razones de fuerza mayor, o por simple desprendimiento done uno de sus dos riñones para suavizar el calvario al que ella se enfrenta (por ahora) cada tres días, llamado diálisis. Una tras otra, semejantes en dolor, espera, malestar, agotamiento y duración, le alargan el tiempo, le dejan adolorido el cuerpo, el brazo y en cierta forma el espíritu. Queda agotada, como si hubiese terminado un maratón.
Una persona transparente, con una risa desmedida, que brilla con la esperanza de esa mágica noticia de un donante voluntario y sano. Sigue soñando con volver a cabalgar las playas infinitas de Tabasco , bailar el Cascanueces de Tchaikovsky, como lo ha hecho tantos años, salir a tomar y disfrutar un café sin que su cuerpo reaccione de forma catastrófica, caminar por la vida como cualquier ser humano.
Mi amiga Claudia, como tantas otras personas con un órgano atrofiado se aferran a la esperanza de un donante, porque tienen más sueños que problemas.
Por ella y por los que están a la espera como ella... el regalo más hermoso después de la vida para poder compartir la risa de la vida... prolongar la misma con el órgano de alguien que deja este mundo o que simplemente está en condiciones de compartir.
¡Seamos donantes!
Monday, May 9, 2016
Una a una.... la espera del tiempo
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