La emoción con la que se vive a los 20, abre el apetito por conocer, viajar, conquistar. Es una época en la que se imprimen imágenes permanentes en el corazón, sueños y metas que uno quiere alcanzar.
Algunas de ellas esperan el momento preciso para dejarse atrapar.
Enardece en mi vida el deseo de perderme en un espacio ilimitado, dónde se conserva la majestuosidad del paso del tiempo, dónde el mismo tiempo, el desastre, las inundaciones, las sequías, el sol, y la regularidad dejan una huella imborrable que hacen al cañon del Colorado imponente e inagotable. Fuente interminable de mi admiración y deseo por sentirlo y vivirlo.
El cañon del Colorado, hogar de tribus indígenas, cuna de espíritus, hechizos y solsticios, tiempo de silencios, nubarrones y tormentas, arcoiris de colores que se plasman en la tierra y en el agua como un reflejo de vida sublime y equilibrada. Extásis de un cielo infinitamente hermoso y majestuosamente estrellado. Sé que me esperas, sin ansiedad, soberbio y tranquilo, con tu silencio ensordecedor, a que me postre ante ti para admirar la belleza que los años y todo lo que en su paso abarca, han dejado en tus entrañas y en tu piel, curtiendo tu escencia, eres más que un lienzo, eres los seis sentidos que quiero dominar, el silencio de los sabios, la fuerza del perdón, la belleza recóndita del olvido, serenidad del alba, sombra tibia del ocaso, caricia de la tierra.
El tiempo pule
El tiempo y solo el tiempo deja que florezca la sabiduría y con ella nuestra verdadera esencia.
Los años nos despojan de juventud, a cambio nos regalan la belleza que se escucha en el silencio, que se saborea en el conocimiento y que se regocija en la experiencia. Arrugas y grietas que nos hacen.
Hombre o mujer.
Ser humano evolucionando.
Rio que cavó un cañon en su cauce.
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