En mi décimo cumpleaños mi madre me regalo un diario. Escribí parcamente mis actividades diarias, escasas lineas, pero al llegar a la última página, me dió pena la cantidad de espacio que dejaba en blanco, en ese momento despertó mi conciencia ecológica, me di a la tarea de llenar cada hoja con pensamientos sobre mi diario ajetreo. Pensamientos retorcidos, llorados, nudos que fuí deshebrando con tardes parsimoniosas pegada a la pluma. Hace un año conté once diarios y cuatro cuadernos, uno para cada uno de mis hijos. Se me ocurrió abrir el blog y me inspiro en el silencio, con la música de mis pianistas, las risas de mis hijos, y la perseveracia con la que mis amores persiguen sus sueños.
Hace dos semanas se me escapó la inspiración en el tiempo y al tratarla de alcanzar me transporté 25 años al pasado, me reencontré en el laboratorio de química de mi alma mater, y la misma inspiración me hizo transformar mi cocina en un laboratorio, ayudada por amazon me hice de productos químicos básicos y aceites, de diferentes plantas, todos ellos orgánicos, para producir un producto casero, libre de colorantes artificiales o fragancias extras. Un producto vírgen, que no causa alérgias, deja la piel suave, calma la comezón de quienes padecen irritación en la piel y sensibilidad en el sistema respiratorio. No sólo estoy haciendo jabones, sino dejando crear a esa química que vive en mi, escribiendo fórmulas de saponificación, usando la balanza analítica, el matraz erlenmeyer, vaso de precipitados, haciendo soluciones acuosas, mezclas, calculando PH y retomando una profesión que me ha inspirado siempre, para crear un producto que le da un toque de lujo a esos momentos de soledad en que cerramos la puerta del baño, nos desnudamos para encontrarnos con nuestra persona, quitándonos las impurezas, cuidando nuestra piel, refrescándonos el cuerpo, la mente y las ideas.
Sunday, May 1, 2016
Inspiración.
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