Monday, October 19, 2015

Si, si extraño mi tierra y el diario andar

Aquí estamos, emigrantes del tiempo, desenraizándonos del andar del reloj que nos ve crecer. Como semilla de árbol al viento. 

     Le pregunté hoy a un niño si extraña su país, su gesto fue como un latigazo a mi corazón.
     Yo extraño a mi familia. Extraño a mis papás, a mis tíos, a mis hermanos que igual que yo volaron en busca de otros horizontes y a mis abuelos que ya se fueron a otra dimensión, algúnos amigos que de una u otra forma han moldeado su vida con diferente objetivo.  

     En México y en otros tantos paises anda extraviada seguridad, y si uno quiere recorrer las calles a media noche se cuestiona seriamente si será uno capaz de lograr o no el cometido.

      Extraño a la gente amable que vive y dá carácter a mi país, su vocabulario cariñoso, el regateo con la marchanta; la bolsa del mercado, el olor de las tortillas, del anáfre y del comal; la variedad de pescados y mariscos descansando en el hielo con sus ojos brillosos y sus bocas abiertas, colocados en bandejas alineadas una tras otra haciendo famosa a la Central de Abastos por su infinita selección, extraño acercarme a la carnicería y escuchar al carnicero que portando su mandil y ataviado con su cuchillo en mano pregunta: "Que corte se lleva hoy? Güerita!" Extraño a la florista que despliega en su carrito todas las flores con miles de olores y las rosas de tallo largo, acomodadas por gruesas y por colores. Extraño las campanas que repican marcando las etapas de la misa y al carrito de camotes silbando por las calles en el pico de la hora gris. Extraño el olor de la telera, el bolillo y la concha, el aroma de toda la panadería y al mismisimo 'viene-viene' que empezó siendo un niño y ahora es un adulto apoderado de su esquina, con cara de incertidumbre y su bigote de macho. 

      Extraño de México sus calles Coloniales que se embellecen por sus muros gigantes, sus laboradas rejas, sus árboles crecidos y sus silencios placenteros, que invitan a palpar y saborear la historia del tiempo en rincones inmutables. Una ciudad que se lo come a uno con sorpresas y en la que aveces arrinconada en algún recoveco de San Ángel, Copilco o Coyoacán juraría que tanta belleza es parte de un pueblo encantado y no de una megatrópoli que juega a perdernos en los laberintos empedrados y juguetones del tiempo.

 Extraño los espacios compartidos  que ahora se difulminan en el recuerdo...

     Extraño el mercado sobre ruedas, el tianguis, las nieves y las paletas heladas, los conos de fruta y el cafe de olla. Un desayuno Yucateco, y unas migas Norteñas, como a los guauzontles rebozados. Extraño el 15 de Septiembre en Coyoacán y los ruidos de la feria; será que soy nostalgica y que lo mismo extrañaría el sentarme a tomar unos churros con chocolate caliente en la chocolateria San Ginés si fuese Madrileña, o caminar por los callejones del cementerio Père Lachaise si fuese Parisina...?

Extraño detenerme con mi papá a contemplar la vitrina de la dulcería Celaya y el sin fin de figuritas multicolores de pasta de almendra o la variedad de frutos secos que despliegan para satisfacción del más exigente de los paladares. Extraño una tarde bulliciosa en la Churreria del Moro con mi madre o una noche de fin de cursos cenando unos tamales de la flor de Lis al lado de mi abuelita, y extraño ver a mis tios corriendo para alcanzar al taquero de la obra. Sabor de México, que con tus chiles... te ensalzas.

     Extraño?... si extraño y hay días que extraño mucho más.
La nostalgia me invade los sentidos y se mezcla con la añoranza, me queda el "sabor amargo y dulzón", como decía Agustín Lara, de lo que tenemos y queremos, y lo que se ha ido, porque no sabemos lo que vendrá...y entonces a la luz del "farolito" me aferro a lo que vivo porque me siento plena ...porque de igual modo "todo pasa y todo queda" y como dijo Antonio Machado, "lo nuestro es pasar... pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar...y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar".

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