Friday, October 30, 2015

A ojos cerrados: sin espejos, sin etiquetas.

Seres deseados, o sorpresas taciturnas, a fin de cuentas: amalgamas de sentimientos y esperanza.
     Nacemos, respiramos, lloramos, (seguramente por dejar el vientre materno), confirman nuestro sexo, nos miden, nos pesan, nos ponen un cordel rosa o azul en la muñeca con diminutas cuentas, deletreando el apellido de nuestra madre, con suerte nos ponen en sus brazos de inmediato, a los menos afortunados se los llevan a bañar, los atolodran con un líquido más espeso que un atole que los deja con sueño pesado. Además de dormir y comer, escuchamos continuamente palabras, adjetivos y sustantivos, que las personas usan describiendo lo que creen decir nuestros gestos sobre nuestro carácter, siendo uno de los más nocivos  el que describe la cantidad de volumen que robamos de espacio.
Con los años ese adjetivo va y viene rebotando constantemente en la vida, una y otra vez, sin misericordia algúna. Una mujer puede ser preciosa, bondadosa, inteligente, amable, culta, curiosa, intelectual, amiguera, sociable, ..., mientras para quienes la rodea  no sea 'gorda'! Porque todo lo demás se opaca. Una etiqueta tan grande que nos ciega ante el brillo de cualquier otra. Por el contrario puede ser sangrona, amargada, estricta, obsoleta, anticuada, mandona, analfabeta, pedante, orgullosa, contestona, sarcástica, sádica, y hasta humillante... pero si sus medidas fluctuan entre las perfectas y las de La Catrina, entonces a la flaca la hacemos brillar. Le perdonamos todo. Sufrimos y caemos en el juego por igual. Y ella se siente completa porque alcanzo un número en la báscula.
    Bajo este principio el grupo femenino se divide en dos grupos: las que comen y metabolizan al instante por naturaleza y todas las demás. Este segundo grupo se divide en dos: las que comen lechuga por que no hay ningún otro sabor que satisfaga su paladar omitiendo cualquier otro alimento de su dieta incluida la calabaza, papa y zanahoria porque tienden a engordar y las que prefieren disfrutar de un buen comelitón. A su vez este último grupo se divide en dos: las que pasarán horas en el gimnasio quemando cuanto ingirieron y las demás. Podemos seguir dividiendo al grupo femenino, que tan lástimosamente camina por la vida balanceando su estado de ánimo entre estos dos adjetivos. Lo triste de este cuento es que la palabra gorda anda resonando en cualquier momento. Si no hubiera espejos que hariamos? Habría que analizarse cada mañana para conocerse mejor. Pero el espejo está a menos de tres pasos de la cama. Pasamos en frente y nos vemos, observamos con detenimiento los rollizos que se acumulan con la edad y de manera nociva nos alimentamos de angustia y sentimientos de no apapacho, sin llegar a ningúna parte, no nos hace ningún provecho, consecuentemente comemos cuanta cosa  no necesitamos, cayendo en un espiral viscioso y solo finito mientras le demos la vuelta a la aceptación personal. Los adjetivos y sus estragos, los tragos amargos que pasamos por encasillarnos en un patrón, y llevar una etiqueta.
     ¿Que pasaría si la televisión no transmitiera constantemente el falso mensaje de felicidad... "Serás feliz cuando hayas perdido.... x Kg o lb", "Serás feliz cuando tu sonrisa sea blanca blanca", "serás feliz cuando comas el super manjar que preparamos y dejamos en tu puerta  acompañado de 200 químicos y envuelto en cartón y plástico".... Casualmente el autentico mensaje de la felicidad no llega porque no vende: "Serás feliz cuando aprendas a disfrutar cada minuto sin necesidad de nada, más que de tu propia persona"; "Serás feliz cuando te conozcas, porque te miras hacia adentro, no en el espejo"; serás feliz cuando decidas que tu felicidad la diriges, asumes y vives tú mismo . Se feliz hoy. Empieza a sonreir. (Es contagioso) Sé tú!
    

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