Saturday, October 10, 2015

Cuando no me encuentre yo misma... recuerdame

Hace diez años que se infiltro en silencio, por las puertas, por las ventanas , se acomodo en su almohada y desde entonces ha ido corroyendo su cerebro, sus pensamientos, su entereza. Aunque ella padece la enfermedad, su familia sufre con ella esta terrible detereoración. Esta es la petición ficticia que hizo al enterarse que Alzheimer había llegado para no marcharse.

"Cariño: deja esa fotografía ahí, prométeme que si un día amanezco desorientada me sentarás frente a ella y me contarás cómo me propusiste matrimonio, como caminamos por las bulliciosas calles de San Miguel tomados de la mano un día de los inocentes, acompañados por el silencio de dos corazones enamorados.
Si un día no me encuentro en tus ojos, llevame a caminar descalza donde huele a mar, donde vuelan las gaviotas y donde el cielo y el mar se besan, para dejar huellas en la arena que se borran como mis recuerdos.

     Llevame caminando despacio a un puesto de flores y a otro de frutas para que saboree sus aromas y texturas,  paseame por Segovia y el Valle del Baztán, y pasemos a casa de "las tías", sentemonos a comer queso y beber vino a la orilla de un río, mientras leemos bajo la sombra de un ciprés : "De amor y de Sombras" y que toquen la música de Andrés Segovia, y tambien "Amor Brujo" de Manuel de Falla. Me harás vivir.
Si un día en el reflejo del espejo encuentro a una mujer entrada en años, que perdió el brillo de sus ojos y que me mira con desconcierto porque lo más hermoso que tuve lo estaré perdiendo sin piedad a pedacitos cada nuevo día, a ese reflejo al que se le están escapando sus pensamientos y conocimientos uno a uno sin pérmiso y que se siente extraviada porque no recuerda ni como calentar agua, sientate conmigo, sientate con ella, con las dos, a desayunar, tomemos un capuccino y unas galletas de avena, quizas un helado con apio, creo que no sabré combinar para entonces los alimentos, así que dame lo que se te antoje a tí. Me contarás entonces como me reía de las tonterías, como paseaba con un trapo de arriba para abajo, con el cesto de la ropa sucia para abajo y la ropa doblada para arriba, que hacía las camas y doblaba sábanas, mientras razonaba un artículo, limpiaba los baños, pasaba la aspiradora, preparaba el menu, y cantaba un aria, le llamaba a alguna amiga, horneaba galletas para los niños enfermos, le quitaba las manchas a los cristales, salía de compras y parecía que nunca pararía. Hasme reir. Cuéntame cuanto duró mi primer parto y cuanto lloré extasiada de júbilo al sostener a nuestro primer hijo en brazos. Y que lloré con los cuatro como si hubieran sido el único y el primero. Platícame de los niños, como corrían con sus gritos persiguiendo al perro, como se escondían en la alacena con los gogles puestos y volaban con sus capas echas con retazos de tela. Recuerdame porfavor, que aquí los panquecillos se evaporaban en el aire tan pronto volvían los niños de la escuela.

Cuando nos encontremos algún conocido, que para mi seguramente será desconocido, yo fingiré, tú me platicarás suavecito, yo sonreiré, asentaré con la cabeza aunque no encuentre ninguna relación entre sus caras, sus nombres ni con el cálido sonido de sus voces. Recuérdame todas las cosas con las que soñabamos y los paisajes que alcanzamos a sostener entre las manos, y los atardeceres que nos cautivaron.
Tendrás que decirle a los niños que mi mente anda paseando, o más bien regresando, a ese lugar donde ellos no existian aún, que sus rostros se dibujan con dificultad en mis recuerdos, pero mi corazón late más aprisa cuando me llaman, sonrie mi alma cuando me visitan. Quizás mi mente me este jugando una mala pasada, pero nada más que eso.... mi corazón los ama hasta el cielo infinito, ida y vuelta y de regreso como la primera vez que me comi sus ojos, sus manos y sus barriguitas a besos.
     Y a ti... a ti que me has querido y aguantado mis malos ratos, mis energias exesivas, mis ganas de salir corriendo y las ganas de detener el tiempo, a ti que has entendido mi proceder y me has amado con paciencia, si llego a olvidar todas estas bendiciones, pon la argolla matrimonal cada mañana en mi anular, sentiré que nuestro amor es infinito, presente y tangible, sigueme llevando aunque parezca que ya no estoy."

    Del blog de Mariejeanne Carro


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