Friday, January 25, 2019

Emigrante, extranjero.

Me fui, para crecer en otros horizontes con paz anhelada. Con el equipaje cargado de recuerdos y sueños, con la frente en alto y el corazón acongojado. Me fui...
Creci lejos de ti, de tus colores y tus sabores, de tu gente que se distingue en la pobreza, en las tristezas, en las desgracias.
Cargué con tus aromas, tus calles, tus mercados, tus ríos, tus plazas, tus catedrales y tu folklore.
Quise volver, a respirar tu aire, Patria mía, a beber tu agua y recostarme en tu hierba. Quise sentir la humedad de tus flores, el frío de tus montañas y el calor de tus costas. Quise vivir alimentándome de tu espíritu, el eco de tus sones que repercutía en mi, cada mañana, con cada nuevo sol. El deseo de volver es un bálsamo en esas mañanas en que nada apetece, y el frío de saberme lejos y fuera cala.
   Y al volver, porque un día volví con el alma alegre y con los recuerdos latentes, me golpeo el aire frío, ese de la ausencia, el que desdibuja a los que se fueron en busca de mejores horizontes y me encontré con un mundo que había cambiado lejos de mi y yo ausente de él. Y existe un alboroto en quienes te reconocen, te abrazan, se alegran de verte y con los ojos acuosos me di cuenta que al emigrar me convertí en extranjero aún para la patria que me vio nacer.

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