Que si lo extraño! Ese Aureliano, era un ángel con la sonrisa pegada al rostro. Uuuuuy chamaca! Así me saludaba, para decirme si el agua estaba fría, exquisita o pasada, cosa que casi nunca sucedía. Era el alma de la alberca, la verdad, recibía a sus nadadores con alegría cada mañana, cada tarde, pláticaba sobre el clima, política, historia, ciencia, y hasta uno que otro chisme caliente. Como me hacia reír, vivía feliz, porque veía la vida alegre. Contagiaba tranquilidad. La alberca era su morada laboral, y la convertía en un paraíso en medio del caos citadino... las personas con su carácter dejan huella, impregnan el mundo con un arcoíris.
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