-¡Uy! ¿Será que tiro esto a la basura?-, lo dije a media voz, para mis adentros. Ahí estaba empolvada y de cabeza, la única botella de whisky que no se había terminado. En una hielera que en su tiempo tuvo hielo, hielo que una tarde incompleta se fue derritiendo, agua que en el olvido de los días y las semanas se evaporó.
-!No! ¡No la toques! ¡dejala allí! Es la última botella que abrí, la única que no me terminé, la única que yo cerré, la única por no decirle la primera que no me controlo. Con ella aprendí a decir no. Y fui yo quien la cerró. Con ella caí en la cuenta de mi adicción, con ella lloré la última copa, la última borrachera, con ella pagué la última cruda. Ahí se queda porque me recuerda quien tiene el control. La mantengo cerrada y de cabeza. ¡A mi vida la controlo yo!-
Al mirarlo decirme éstas energéticas frases se me aguaron los ojos, mientras mi corazón cantaba victoria. Había logrado ver a mi padre sobrio.
Tuesday, January 8, 2019
AA
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