Nos fuimos haciendo viejos,
con el sonido del viento, con el canto de las golondrinas a las que les contabamos las primaveras y los nidos sin que pareciera afectarnos. Nos hicimos viejos sin llegar a ser sabios, se nos quemaron las pestañas entre libros, cuentos y argumentos que quizás eran falsos.
Sí, se nos fue el tiempo corriendo entre tic-tacs y persiguiendo compromisos. Nos hicimos viejos, sin más, una mañana de invierno, donde el blanco de las nieves amaneció en el cabello cano. Nos llenamos de líneas el rostro y se nos dibujaron las manos con callos y el mañana tan cerca estaba que parecía tocar nuestra ventana, mientras el ayer se extendía sin medida, entre historias y versos olvidados, como un listón que flota en el viento.
Se nos fue el tiempo y el oído, se apagaron las ganas de escuchar sinfonías, de saltar en la cama y de corretear palomas. Nos quedamos ahora las tardes en silencio, contemplando imágenes que nos agüan los ojos, de un ayer que nos lleno el alma y sin embargo no detuvo al tiempo, y contamos con los dedos de las manos las ocasiones que nos regalamos para contemplar amaneceres, y reír hasta el ocaso, de dar abrazos aterciopelados, hacer llamadas sorpresivas, y contar estrellas y lunas que se esfuman entre beso y beso.
Se nos fue el tiempo y ahora nos embarga y nos embriaga el recuerdo.
Mariejeanne Carro
Thursday, January 17, 2019
Nos fuimos haciendo viejos
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