Sunday, April 30, 2017

Porque era un niño

Porque el niño tuvo reservado su lugar en su corazón. Siempre tuvo ese mágico espacio para sorprenderse, para disfrutar en grande  y buscar el silencio creativo.
Era un niño cuando se reía, cuando comía queso, rábanos, percebes, cuando contaba anéctodas, y más niño aún cuando se imitaba haciendole teatro a su "maman". Era un niño que a los 70 años de edad, mientras disfrutaba del plácido oleaje de la Isla de Cozumel, aletargado en una tumbona, bajo la sombra de una palmera, vió una anguila deslizarse entre las rocas, y ese niño brincó con la destreza de un gato montés y la astucia de un zorro, la atrapó entre sus manos, pero la anguila se movió, contorsionada por el miedo,  logró deslizarse, caer cerca del agua, el niño se abalanzó con todo su cuerpo sobre la anguila mojada a la que le fue más fácil perderse y no volver a aparecer. Enfadado por su falta de habilidad, se consoló pensando en el manjar que representa comerse una anguila, contándome como sí las atrapaba en las costas de Normandia con su hermano, yo siempre lo recuerdo, pero gracias a este día lo recuerdo hasta cuando como sushi.
Era un niño que no dejaba ni una gota de salsa en ningún plato porque remojaba el "coscorro" hasta terminarla. Bautizaba pasteles y no compartía sus chocolates. Era obstinado, tenaz, agradecido, correcto y aveces desesperado. A ese niño le brillaban los ojos con mi bicicleta y tambien cuando me enseño a parchar la goma. Extraño a ese niño que se fue a los 93 años y extraño a esos niños que están durmiendo su infancia porque están cansados de la presión, quizás estamos olvidando que la niñez es el cimiento de la vida misma.
Brindo por las travesuras que se reflejan en el brillo de los ojos, por los pescadores de aventuras que cargan con sus cañas y sus lombrices, creadores de sueños que se inventan armas con un papel, bombas con albondigas y aviones con los brazos, perseguidores de ilusiones con capa y espada que conquistan dulcineas llamadas madres. Brindo por una niñez sin fronteras.
Brindo por el niño que vive en cada corazón.

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