Sunday, April 9, 2017

Pintando recuerdos patrios

Son tantos colores.... que con azul de tu cielo salpicaré  interminables lienzos para inventar paisajes, adornando  tus infinitas, majestuosas y solemnes montañas, que se funden en tus costas haciendo de tus playas, las más bellas, las más visitadas. Con blanco dibujaré tus olas y sus cresta que se forman, engalanándose para seducir a nadadores, surfistas, lectores, músicos, escritores, clavadistas, marineros y fotográfos. Con el negro, azul y gris haré una mezcla que cruja como tu mar que adormece, marea, embauca e hipnotiza o asusta cuando anuncia un maremoto. Todos los colores de las especies y los chiles que nacen de tu tierra, para hacer trazos, simulando la costa desde Oaxaca a Puerto Vallarta quedándome plasmada en tus atardeceres, dejando millares de huellas de interminables caminatas descalza, para observar ballenas, focas, aves, delfines, rocas y rayos, llegando a una tumbona en la playa de los enamorados y saborear el vaivén que se da entre el Pacifico  y el Mar de Cortés, que se acaricián hasta procrear, en pleno atardecer, un delirio. No sé con qué mar tuyo quedarme, porqué no se cúal de ellos es más bello, además tienes el Caribe, con sus aguas claras y arenas blancas, cenotes y ríos que se deslizan hasta una cascada que se azota ya sea en Chiapas, San Luis Potosi o Taxco para dar de beber al henequén, al cempazuchitl, hortencias o jitomates, por llanuras, bosques, desiertos y selva; cubiertos del verde del chile relleno y de la vida misma, de la impaciencia por conocerte todo; del amarillo del oro escondido bajo tus minas y a los pies de Cuaútemoc, y del sol que quema eterno en tus pirámides milenarias. Agua de vida que nace por todas partes, sulfurosa, caliente o helada, tranquila, independiente y cristalina, eternamente bañada por tu sol cálido, y arrasador.  Pintarte a ti, es morir en el intento, es tratar de robar un paisaje indescifrable, es bailar en  Vera-Cruz: majestuosa reina de la marimba, los timbales y las tradiciones, de la humedad tibia y eterna, que por ratitos presta el muro de su San Juan de Ulúa para que los poetas se sienten a escuchar el son de su mar borracho y loco  acompañado del interminable tintineo de "La Parroquia", comensales que golpean con su cuchara su vaso de cristal para llamar la atención del mesero que corre con con jarras de café y leche caliente, para llenar el vaso a gusto del cliente, y de esos buques que llegan a tierra cargados de ansias de tí, y de recorrer tus jarrochos portales. Llama a la mesa, Patria de las mil haciendas, de San Miguel, Guanajuato, Celaya, Hidalgo y Sinaloa; eres una sinfonía de aguas dulces, teleras, tortillas, hojaldras, bolillos, semillas, picantes, mole y pipian, tostadas y gorditas, nueces, mangos, tamarindos y cocos  un sin fin de dulces regionales de leche de cabra y frutas caramelizadas, nieves del tepozteco servidos todos en vajillas de talavera, y vasos de vidrio soplado de Tlaquepaque! ¿que eres sino fiesta? Corren las cervezas, el tequila, el pulque, el mezcal, el aguardiente de caña y los mariachis, que si bien éstos no se beben, van siempre de la mano; haciendo vibrar al guitarrón, la trompeta y el violín para desquebrajar mi voz  y hacerme llorar. Tierra de mil colores y sabores. Lloro porque te usan y te abusan y te burlan, como si fueras un toro picoteado por el rejoneador. Si supieran... si supieran de que estas hecho, si supieran respetar a sus mayores, tú, tierra fértil, tan fuerte, tan rica y poderosa seguirías intacta y feliz dando frutos a los hijos que te aman.
    Esa es mi pintura.
Y esta mi solución:
En la horca los bandidos, manjar para los buitres.

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