Sunday, April 2, 2017

Los recursos de mis tiempos

Yo vengo de un tiempo distinto y quizás algo distante, había suficiente, no en demasía, la luz había que apagarla porque había consciencia sobre el costo de la producción, el correo se pesaba, era lento como un parto, el teléfono era caro, carísimo y lo podíamos usar a cuentagotas, las llamadas de larga distancia venían con grito de sorpresa integrado: "llamada de larga distancia de tal o cúal ciudad!", que bien podría encontrarse a sólo 100 Km de distancia. La información se refrescaba a media noche y se depositaba al alba en el portón, impresa en papel de tercera, con tinta que se impregnaba en los dedos, en el mantel, en la silla y hasta en las paredes si no tenía uno cuidado. No había micro-ondas, y la leche, que traía el lechero en frascos de vidrio, se calentaba en una olla con gas propano. Traían el gas en tanque, lo repartían en  un camión del que bajaban 8 muchachos y al terminar de bajar los cilindros se apiñaban de nuevo todos en la misma cabina. De aquellos días sólo han pasado 40 años. Yo no aprendí a matar pollos, ni desplumarlos, sólo llegue a engordar unos patos 'cagonildos', mi mamá se encargo del resto y junto con mi generación nos desprendimos y desentendimos de esa práctica antigua heredada por el hombre de las cavernas, un lujo del que no deberíamos prescindir. En mis años de infancia yo creía que el mundo seguiría siendo el mismo. La linea del tiempo me parecía tan larga como 5 generaciones y la guerra mundial era una pelicula en gris y negro a la que le tenía terror. Ivamos andando por tortillas recién hechas y llevabamos un trapo para envolverlas y me parecía fascinante y divertido que ofrecieran un salero, para que uno, el consumidor, le pusiera sal al gusto a una tortilla y la saboreara de vuelta a casa con arte de albañil. Nuestros juguetes se guardaban en un cajón, eramos creativos, imaginativos, sabíamos hacer nudos y balsas incandescentes con corcholatas y cerillos, sin necesidad de you-tube y sin aburrirnos. Cantabamos canciones infántiles  aún en la adolescencia y digeriamos con calma la comida y las conversaciones. Hoy no sé si son tiempos mejores (apuesto que sí), eso no lo voy a discutir, al menos los grillos cantan con la misma fuerza y me incitan a recordar las noches húmedas en Cuautla, dónde contemplábamos las estrellas, ellas, siguen acomodadas en las mismas constelaciones en las que las percibieron los Griegos y las estudiaron los Mayas, suspendidas en la infinidad de un cielo que nos da sorpresas cada atardecer. Ojalà gozaramos de más tiempo para tumbarnos al pasto, césped, grama o yerba para contemplarlas y poder aspirar y reconocer el aroma de las flores. El tiempo anda escaso ahora, y tiempo de no andar apresurados hace mucha falta, para formar consciencia de los recursos y hasta para sentir las gotas de rocío.

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