Eso dijo Gardel, que veinte años no eran nada, quizás carecía de un espejo para ver los estragos del tiempo, eso dijo porque quizás no tuvo hijos para ver que de terroncitos de amor hace uno hombres y mujeres, en veinte años! En veinte años la mirada febril necesita gafas para ver de lejos y otro par de ellas para ajustar la vista de cerca y leer el menu o ver lo que está presente en el plato. En veinte años salen canas, se enkilosa el cuerpo, y cambia el metabolismo. Y en veinte años, solo en veinte, pasamos de los celulares tamaño tabique a los teléfonos inteligentes que no sólo usamos para llamadas telefónicas, enviar mensajes, correos electrónicos, pagos virtuales, comunicarnos con alguien que se encuentra en Patagonia, y enviarle a nuestro compinche en Siberia el último chiste sobre el calentamiento global, ubicar a los hijos o pedirle al mismo movil que nos guie através del laberinto de calles de cualquier urbe, metrópoli o pueblo. Claude Lelouche dirigió "Un hombre y una mujer veinte años después" y claramente él sí resintió el tiempo. Será que bailar tango aniquila el paso de los años? No lo sé...
Yo sólo sé hoy que no sé mucho, que entre más me esfuerzo por aprender, encuentro mi conocimiento más pequeño y que veinte años me han bastado para saber de cuantos colores estoy hecha, cuantos matices tiñen mis humores, cuantos poetas me arrancan lágrimas, qué problemas me quitan el sueño y que todavía hay ideas que alborotan mi espíritu hasta hacerme sentir una niña. Me sobran veinte años pero quizás me falten veinte años, aunque creo no necesitarlos para saber que él me robó el corazón completo. Y así pasen cien años, no acepto devoluciones.
Tuesday, May 16, 2017
20 años no es nada
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