Monday, October 17, 2016

Música

Flotas en un silencio que rompes, en tardes soleadas y mañanas lluviosas. Atardeceres que  imponen, notas que me estremecen, que te definen. Y resuenas!
Música que florece en la penumbra, en el canto de las palabras, en el movimiento de los dedos, en miradas clandestinas y la armonía de nuestras acciones.
Eres un sólo de primavera que se recrea y renace a cada instante.
Alegría melódica e inmesurable.
Sevillanas bailadas en la plaza y tangos de media noche en Caminito o en la Pampa infinita como brisa, mariachis inagotables con guitarrones y trompetas, que se cuelgan hasta el amanecer, entre tequila y  agua ardiente. Un paso doble que palpita sin parar en algunos corazones, o en aquellas olas, las Olas del Mar que vieron los ojos de Juventino Rosas para recrear un vals y todas las lágrimas que soltó Giacomo Puccini y que al escuchar Madame Butterfly me inundan y reviven.
Benditas notas, todas ellas, con sus bemoles y sus dobles, su negras y sus blancas, resuenen en los timbales, en la guitarra, en un piano, en un oboe y en un acordeón, en un ensayo, una ovación, un nacimiento y en cada sacramento, en la vida misma, cerca o lejos de mi corazón. Así me vaya o me quede cerca, ya se grabó todo mi pasado, con alboroto y lágrimas blancas, ¡que no hay nada que llegue al sol! ¡Ay! mi tarumba, mis recuerdos los que se tejieron en la alhambra de Granada, en el jardín de Allende de San Miguel y en el callejón del beso en Guanajuato, una canción, una melodia que marcó para toda la vida de colores mi corazón. La música misma que hago mía y que ahora vibra con tanta pasión!

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