Thursday, April 21, 2016

Olores y recuerdos

Cuautla, ahora desarrollada ciudad en Morelos, México, hace muchos años era un pueblo típico, con su Iglesia, su mercado, su plaza, y la estatua de su héroe, en éste caso Narciso Mendoza, mejor conocido como el artillero de Cuautla, siempre dando la bienvenida sobre la avenida de los Niños Heroes, siendo un niño héroe  él también, con todo y su cañon con el que pasó a la posteridad. Mi bisabuelo quedó encantado con esa colorida provincia y compró una casita que hasta sus bisnietos alcanzamos a disfrutar. Un jardín verde tapizado de árboles frutales, donde los pájaros nos deleitaban con su música y sus colores, el clima siempre fué suficientemente benévolo, para recordar días soleados, taciturnos, noches de grillos enloquecidos, días de cosecha y ventas banqueteras de aguacates, limones y chico-zapotes, a algún transeúnte despistado que llegase a pasar por la calle. Cacería de luciernagas, búsqueda de estrellas, horas meciéndome en un columpio hecho por mi abuelo especialmente para mi. El recuerdo de gritos como: "aticen el calentadoooor" o " abu abu llamada de larga distacia desde México' me hacen sonreir quizás con ironía por esos tiempos dibujados sin la desesperación que vivimos hoy en día, y hablabamos con mi mamá tipo telegrama, para cortar el tiempo de uso telefónico. Escapadas al apancle a media tarde, las nieves banqueteras, y recordar al pueblerino de antaño, dignamente vestido de blanco con su sombrero puesto y sus huaraches.
No había aspiradora, ni micro-ondas, ni hornito, solamente el tostador y el refri que eran muestra de una ingeniería doméstica en el amanecer de la evolución, estos dos artefáctos de inmediato me transportaban a 1940, unos vasos galácticos y metálicos que nos peleabamos por usar me hacían pensar en los supersónicos, una mesa en el comedor que podía alojar a cuanto hambriento se acercara y papayas muchas papayas. Inmensos ventanales se dirigían a los cuatro puntos cardinales, inundaban la casa de luz y ahora a mis recuerdos. A través de los ventanales  veíamos Noche-Buenas (Poinsettia) a todo lo largo de la barda, y orquidias blancas y lilas que mi abuelita cuidaba meticulosamente como a sus largas manos. Todo era verde tapizado de flores multicolores y un cielo azul y transparente.
     ¿Que me queda de ese recuerdo? Sonrisas que despliego involuntariamente cuando huelo una papaya, cuando escucho el canto de los grillos, cuando siento el aire apenas húmedo, tibio y silencioso.
     Fisicamente no puedo más palpar ese recuerdo, al artillero lo mudaron con todo y cañon, las tiendas abarrotaron las calles, el pueblerino modernizó su indumentaria, y muchos jardines prestan su area como estacionamiento público, debido al desarrollo de Ciudades carentes de planificación. Cuautla, se convirtió en una Ciudad a la que no quiero regresar. Efectos secundarios del desarrollo y la edad que voy acumulando.

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