Sunday, July 12, 2015

Sorpresas de la pesca

Esta historia sucedio hace años, cuando en México había tantos pueblos inhóspitos y encantados como playas virgenes, donde sólo se escuchaba el vaiven de las olas meneadas por el viento y se alcanzaban a ver algúna que otra palapa con su hamaca escondida entre verdes palmeras cocoteras.
     A mis padres les gustaba vacacionar en estos pueblos que tenían tanto encanto. Y hacia alla nos fuimos en coche, en un trayecto sin autopistas, carreteras que no eran sino pedazos de camino hilvanados, poblados de retenes militares. Partiamos en caravana con una familia de amigos. Cada cual en su coche, uno detras del otro. Ellos con lancha y nosotros con una hamaca.
     Conocí un monton de lugares que ahora estan poblados de hoteles. En aquel entonces se accesaban estas hermosas playas por caminitos maltrechos, nos instalabamoa en un rincon, las mamás amarraban unas sabanas entre los arboles para hacernos de una buena sombra y pasabamos ahi el día entero, capoteando olas, construyendo castillos, imaginando piratas con la confianza que habriamos de regresar completos y libres de ataques.
     Uno de estos días los padres de ambas familias lo escogieron para su aventura pesquera.
     Los dos hombres y el unico niño del clan vacacional, salieron de madrugada, alimentados por el entusiasmo de pescar un atún,  un pez vela o la mejor sopresa que el mar les quisiera regalar. Esa noche no pegaron el ojo, soñando en sus horas de soledad, la aventura de dejar a sus mujeres y a las niñas, la verdadera vacación, perderse en una actividad de hombres, listos para pescar. Un plan de lo mas divertido. Los dos hombres y el pequeño acompañante de 7 años llegaron al puerto de Zihuatanejo, bajaron la lancha, colocaron el motor, las cañas, los anzuelos, las carnadas, las cubetas... se hicieron a la mar aún cuando Venus se hacia visible observandolos desde el horizonte. Navegaron, rodearon la Playa de las Gatas, y en mar abierto apagaron el motor, ultimaron instrucciones y medidas de seguridad. Cañas al agua, silencio absoluto, clarea el cielo, a lo lejos los primeros rayos del astro rey empiezan a salir como cada mañana, el mar se tiñe de plateado, y negro, y se torna azul conforme el cielo se vuelve amarillo, y anaranjado, al chocar el sol con una nube se torna gris y empieza a brillar el azul infinito en todo su esplendor. Los dos hombres en absoluto silencio, cada uno a lo suyo ,el acompañante obediente y mudo, con los ojos abiertos, no pestañeaba, su respiración se vuelve practicamente imperceptible, su corazón estático. El único sonido palpable es el constante golpeteo de las olas sobre la lámina, los dedos del pequeño toqueteando la superficie del agua, hasta que sale una aleta y sale la segunda. Sobre la superficie del agua rodeando la lancha dos tiburones grises. El pequeño huele el peligro, mete los dedos, se aferra a la lamina... los corazones de nuestros tres aventureros se paralizan. No hablan, retiran las cañas sin moverse. En el estricto silencio se han paralizado, deseando que estos devoradores se cansen de esperar. Pueden ser diez minutos, ochenta quizas, los tiburones siguen rodeando la lancha, estos son los momentos de la vida que parecen no tener fin. - Aguardamos en silencio, deseando que terminen pronto y son tan dificiles de sobrellevar que nuestra mente los eterniza.- En algún momento los predadores se retiraron, y los tres asustados pescadores tomaron un tiempo para volver a hablar y asegurarse que estaban solos. Decidieron regresar  al hotel con las cubetas vacias, a descansar. El susto les duro un rato, hasta que una bromista muy atinada colocó un letrero de venta sobre  la lancha y algún oportunista incauto se acercó al hotel a buscar al vendedor y cerrar el trato. Entre el susto y no querer vender la lancha, la tarde alcanzo a  regalarles montones de risas. Las risas que nos refrescan y nos hacen ver las cosas mas sencillas de lo que fueron. La risa que se amolda a cuantos la quieren disfrutar. La risa que nos relaciona en las aventuras, y que fragua amistades, impregna momentos de gozo y eterniza la alegria del recuerdo. Y nos deja gozar libremente. La risa que regalo la pesca.
    

No comments:

Post a Comment