Don Eusebio Negrete de la Serna. Banquero, hermitaño, culto, intolerante, agobiado por el mundo, la gente o cuanta persona cruzara palabra con él, perfeccionista, malencarado y gruñon, hombre empeñado en demostrar cuanto trabajo le habia costado llegar a la cumbre que habia conquistado, algo comparado a las cumbres de Maltrata, obligado a llevar unos lentes de fondos de botella que hacian que sus ojos verdes parecieran los huesos de la aceituna, y no luciera la belleza del olivo. Tan gruesos eran los cristales que tenía dos zurcos rojos a cada lado de la nariz donde descansaban las gafas en unos cojinetes, que resultaban insuficientes. Usaba el bigote de Salvador Dali y el pelo largo y desalineado de Albert Einstein. Hacia acopio de su burla y sarcasmo en cada ocasion que cruzaba palabra con Doña Catalina, su mujer, ella a consciente de haber perdido la batalla de la amabilidad marital, cruzó, años mas tarde el umbral de la cordura y no hubo cielo que le hiciera girar la chaveta denuevo a esta bella mujer "como debe ser".
En su casa los regalos de Navidad y cumpleaños, la compra de alimentos extraños, diferentes o importados para festejar algún evento eran prohibitivos, asi como ningun dulce llegaba a alegrar esa mesa. Todo lo que representara la minima traza de opulencia y consumismo quedaba fuera de la ecuación. En el fondo de su alma enfadosa deseaba que todos vivieran consumismos zapatos, consumisma indumentaria, consumismo gastado objeto, consumismo auto.
Salia con la familia de vacaciones una vez al año a la Laguna de Mecoacán, Tabasco, alojandose en Paraiso.... salian de casa en su bochito 64, único coche familiar, los cinco pasajeros bien apretaditos. El viaje transcurria en absoluto silencio, desde su casa en Coyoacán, hasta llegar a Rio Frío, donde él empezaba a platicar de los desayunos que preparaba su mamá cuando era niño y vivian en Tonalá, Chiapas. Siguiendo su recorrido, en San Martin Texmelucan se bajaban del coche a estirar pierna, y comian en la plaza un plato de chilatole, unos tacos de barbacoa de borrego, aveces encontraban carne de ardilla y conejo que la probaba gustoso con salsa de chile de arbol y tortillas negras, no podían faltabar los esquites. Ya con el estomago recargado Don Eusebio se ponia curioso y hacía conversación con sus hijos y su esposa. Los niños se alborotaban y el se reia con una risa redonda y plena. Se hospedaban en Fortin de las Flores, nadaban en la alberca de gardenias, descansaban y reian como nunca. Al dia siguiente emprendian la marcha, desde antes que saliera el sol. Llegaban a Cosamaloapan de Carpio, Veracruz, donde hacian un opíparo desayuno en la hermosisima plaza del pueblo. Jugo de naranja, huevos tirados, picadas, gorditas dulces y cafe de olla. Con el estomago bien llenito se montaban en el auto y a persguir caminos maltrechos, puebleando hasta parar en la Ciudad de Cardenas. Ahi se agasajaban con un puchero estilo Tabasco, chanchamitos,(tamal redondo envuelto en hoja de platano), totopostes y queso ahumado. Don Eusebio se veia feliz como nunca y como siempre deseaban verlo sus familiares. Usmeaba el aire y le sabía a la mismisima Gloria, insistía en el olor de sal, de pelicanos, de pescado, de cocos, y mangos, "huele mas que a mar" pregonaba. Caminaban un poco por Cardenas, en su hermosa plaza blanca, su iglesia de dos torres, su parque tan elaborado y colonial. A los niños les compraba una nieve de chabacano y a su mujer un agua fresca de guanabana, caminaba por la plaza como si hubiese recuperado el alma, ya para cuando llegaban a Paraiso el aire a todos les olia a camarones, chiles asados, cocos, henequen, tabachines, platano, tortilla, chile de arbol, pulpo, callos , limon, ceviche, zapote, boquerones con limón y mango enchilado, pero sobre todo camarones. Desde Paraiso, Tabasco, recorrian el estado de Norte a Sur y de Este a Oeste, queriendo llevarse sus sabores, sus colores y sus ruidos en el paladar y en el alma, y a los mosquitos esos si, se los llevaban impresos en la piel.
Cuando Don Eusebio se encontraba bien contento, le gustaba jugar un juego que consistía en cerrar las ventanillas del coche, y recorrer kilometro tras kilometro hasta que algún pasajero estuviera a punto de perder el conocimiento. Entonces abrian la ventanilla y dejaba circular denuevo el aire"fresco", muriendose de risa por la manera en que sudaban. Esta era su leccion de vida, "cuando crees que ya no puedes soportar mas las condiciones en las que estas viviendo, no te quejes, la cosa se puede poner peor". Y vaya que es una sabia leccion de vida. La situacion siempre puede ponerse peor, o en cualquier lugar alguien lo esta pasando peor que uno. Siendo esta la fuerza que lo hacia permanecer en la vida que aborrecía.
Deberiamos de tener motivos para hacerle a nuestros seres queridos el momento mas llevadero. Don Eusebio no los encontraba porque su tolerancia era enorme y la compensaba con su cambio de carácter. Podria haber sido feliz siempre, si hubiese sido consciente de su falta de libertad sentado en su escritorio del banco, si se hubiese mudado a Paraíso a vivir de manera mas tranquila rodeado del aire celestial del Eden Tabasqueño, que tanta falta le hacía a su alma, hubiese salvado a su mujer de la locura, a sus hijos de la amargura, solo disfrutaba la vida los 8 dias del año que duraba el viaje.
El hubiese no existe...
La vida ya de por si, tiene lo suyo, debemos construir nidos inundados en amor, hogares de paz, niños felices, fuertes, hambrientos de luz y conocimientos. Para que sean padres felices libres de frustracion. No hay mejor leccion de vida que ser ejemplo para con quien se vive. No hay mejor ejemplo de vida que vivir la vida con alegría sabiendola compartir.

No comments:
Post a Comment