Había una vez, un país, era y es el país de todos los colores, brillantes, opacos, claros, obscuros, intensos y colores pastel también, un país lleno de contrastes en sus paisajes y en su realidad, un país de sexenios confusos, de gobiernos indecisos y tramposamente transitorios, un manjar de parajes desconocidos, y millones de caminos y senderos que ofrecen miles de opciones para el paladar, un país sugestivo donde el tiempo se regocija en las olas del mar y el vaíven del viento menea las ramas de los árboles que no se detienen jamás.
En aquel país, en uno de sus rincones típicos nos encontramos con 'el mercado' dónde se regatea el precio de la fruta que se ajusta al ritmo de la clase social; y circulan en el mismo viudas emancipadas con canastos repletos de tacos de cazuela en tortillas azules o de maíz negro, haciendole eco a las marchantas sentadas al lado de sus verduras, eso es más que una realidad culinaria, es un manjar a los pies.
Son los paisajes de cada punto Cardinal, los volacanes y las cañadas de José María Velasco Gómez, dónde la luz se cuela encantada para regocijo de los ojos curiosos y algúnos extasiados.
Ese es el país del cempazuchitl, es la cuna de colores candentes y de la tierra azabache, donde el muerto vive por siempre en los corazones de sus descendientes.
Es éste país el cono de la abundancia, el rincón de tiliches e inventos que se quedan postrados a la espera de su uso y su usufructo.
Es un país rico en cultura, donde sus miles de pueblos viven entrelazados por las mismas promesas, el mismo olvido que acaba siempre en miseria y en el legado del hambre, la tierra seca, paredes blancas, sueños truncados y promesas que se quedan olvidadas como los niños que crecen con la abuela o la comadre, a los que les llegó una bicicleta o una muñeca repleta de besos salados, con sabor a lágrima de madre, porque al pueblo por ellos, no van a volver.
Las historias que empañan los ojos de los viejos, el eco que retumba de aquellas risas de antaño, las rodillas raspadas, la pesca en el rio, las escondites en los árboles y el primer beso robado a cambio de un sueño y la esperanza de un mejor mañana.
Había una vez un país con un cielo azul celeste y hermosas playas que regalan atardeceres a los enamorados.
Había una vez...tantas casas que viven enredadas en bugamvilias, tantos hogares adornados con Alcatraces, que Diego Rivera los pinto en canastos, amarrados con lazos o sueltos y a espaldas del campesino, es una realidad tan pictórica que parece ser extracto de cuento.
Había una vez un país de flores, de cenzontles, de chupamirtos, de huitlacoche, de chiles, de mariachis, de familias sentadas a la mesa bendiciendo los alimentos, un país de amigos parranderos, de mujeres piadosas, de niños peleoneros y soñadores, de tunas, de estudiantinas, de pitayas y tortillas, de maestras entregadas, de ciudadanos rectos, de tranvías puntuales, de misas de seis de la mañana, de olor a pan recién horneado y carritos de tamales. Había una vez en un país de ensueño tantas cosas únicas e irrepetibles, que algunos se confundieron y llegaron a pensar que todo era el recuento de un viaje bajo los cuidados de Maria Sabina.
Pero existe, en la amalgama que no se ha de oxidar, en el deseo cansado que se renueva cuando el sol tiñe de rojo el paso de Cortés, en el nuevo despertar de las mariposas monarcas, en el bosque del Ajusco reforestado, en el cañon del Sumidero que danza en el verde de la selva Lacandona, en las cascadas de Agua Azul, en la Huasteca Potosina y cada vez que una mujer Juarense regresa con vida a su hogar...se renueva sazonando esquites, abriendo el cerrojo del portón cada mañana para darle los buenos días al sol, levantando la basura del piso, alfabetizando para poder regalar un libro, sembrando esperanza, cultivando sonrisas, cosechando entusiasmo, compartiendo lo que somos, sonriéndole a la Patria. Ese es el mejor país del mundo: El más benévolo, el más cálido, el más sabroso...
Saturday, September 29, 2018
Un país de todos los colores
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