En aquellos años, jamás se me ocurrió fotografiar mis queridos huaraches mexicanos, pueblerinos, de suela de llanta. Eran huaraches delicados, de tiras de cuero gruesas, parecían hechos para mi. Se amoldaron a mis pies de "Paton" {por patona, decía mi papá} como los guantes de Audrey (Hepburn) y con ellos anduve, anduve contenta y sonriente, recorriendo calles, pasillos y aulas universitarias. Con aquellos huaraches camine terracerias, prados verdes cubiertos de dientes de león, caminos de historia donde siempre sonaba el eco de una estudiantina, cruce puentes maltrechos, colgantes e historicos.... Con ellos puestos me fui a Europa de mochilazo y la suela se mantuvo intacta mientras ellos hechizados ponían mis pies, siempre uno delante del otro, para acercarme a un horizonte siempre escurridizo.
¡Ay que huaraches aquellos! que se impregnaron con mi corazón de estudiante y mi coraza de mujer soñadora que añora y atesora cuanta cosa dure y perdure en la memoria, sin necesidad de una fotografía.
Tuesday, September 4, 2018
Mis huaraches
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