Era un juego de té, de delicada porcelana, arrinconado en la alacena. Había sido el regalo de bodas de un ángel de corazón sencillo, humilde y bondadoso, de manos curtidas por el trabajo y por los años. ¡Que lindo! pensé hace 21 años, "tan poco que tiene y me regala algo tan delicado". La abracé con la ternura que merecían sus canas, su sabiduría y su experiencia. Hoy abrí la alacena y su voz cantó en mi corazón: "Toma tu tiempo, rompe la rutina, reúnete, charla, comparte: la risa y las tristezas, las experiencias y los problemas, el tiempo y el silencio, con un taza de té. Las mujeres nos necesitamos y nos complementamos. Las amistades son un bálsamo. Las amigas son tesoros". Palabras sabias de una mujer que siempre sirvió el té de manteles blancos.
Ese juego de te tiene más sentido hoy. La práctica de reunirse a platicar con una tacita de té, de café o quizás una copa es más fuerte, más alentador, más fructífero que cualquier terapia.
Gracias a Santa Feliciana de Cacalomacán por toda la ternura que regalaste a manos llenas. Por la riqueza de tu espíritu incansablemente paciente y bondadoso. Gracias porque nos sigues cuidando todavía en el día a día a todas tus "amorosas"-como nos llamabas tú- con lecciones insuperablemente tiernas.
Saturday, June 9, 2018
El juego de té
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