Como es la mejor madre del mundo?
Me han dicho mis hijos que soy la mejor mama del mundo que les habia tocado en su vida. Para cualquier angelito, la suya debe ser, sin lugar a dudas, la mejor~mejor del mundo mundial.
Aquel día me sacaron la risa, solo han tenido una madre, al menos en esta vida, y esa soy yo! He sido incansable como una luna creciente y menguante, sin descansar jamás, me he esforzado como una tortuga desovando y he perdido la razón en más de una ocasión portandome como una hiena desbocada, y aveces como demonio de Tazmania, después me entra el remordimiento y la angustia de no estar a la altura, me castigo mentalmente por mis acciones, porque francamente si quisiera ser mejor.
Fue fácil, al principio, acostumbrarme a dejar a un lado mis necesidades básicas, de sueño, de hábitos y pasatiempos, porque traía una emoción maternal que rompió cualquier esquema. En la planeación del día a día siempre el desarrollo físico, mental y emocional de mis hijos fue y ha sido lo principal. Lidiar con los ojos torcidos, y con el "siii mamaaaaaá" (-ya vienes coooon ooootro rollo-) de la adolescencia, eso si me ha costado. Adaptarme a la evolución gradual de 4 angelitos que siempre venían detrás mio cargados de orgullo y que un un día se oponen, porque están cansados o aburridos... eso me desbalanceo. Verlos crecidos, contestando monosílabos me hizo creer que a mis niños entusiastas los había guardado en una caja en el ático, sin darme cuenta y habian cruzado la puerta estos muchachos corpulentos y hambrientos no solo de comida sino te toneladas de tiempo a solas. Pero no es asi, se habían topado con esa etapa de la vida en que quieren y no pueden seguir siendo niños, una batalla en el cuerpo: hormonas vs mente.
Las desveladas limpiando vómitos, noches en vela bajando fiebres y apaciguando la tos, se pagan solas cuando al oido sus voces débiles musitan un "te quiero mucho", esas palabras dan una descarga de energía que levanta y borra las ultimas 72 hrs sin sueño.
Las alegrías más grandes, vienen pegadas a la vida día a día, con manitas manchadas de tierra y vida, dibujadas con crayones en la pared, salpicadas de inocencia como las galletas para los renos de Santa Claus, pegadas en los reconocimientos escolares, en los trofeos deportivos, acompañando a las carcajadas en batallas de globos de agua, en las cosquillas nocturnas. Los mejores momentos de la vida se saborean en el almuerzo y durante la sobremesa, se dan con un beso en la frente. No se espantan con los platos sucios en el fregadero, ni con la ropa por doblar que espera en el sillón. Los mejores momentos de la vida no se planean, se saborean, se admiran como a las rosas y nos estremecen al oir las palabras: "gracias mama".
La mejor mamá del mundo para mi es la mia, y para mis hijos seré yo, quizás, que cada quien conoce a la suya, y sabemos cuanto les importamos, madres sólo hay una, vamos, que somos tan suertudos, que la nuestra es la mejor.
Pero la mejor versión, la que quiero ser yo, es la que se alegra con las pequeñeces y no se opaca ante la imagen idealizada de madres perfectas, impecables y tan organizadas que resultan esquemas absurdos, inalcanzables e inaccesibles.
Me han dicho mis hijos que soy la mejor mama del mundo que les habia tocado en su vida. Para cualquier angelito, la suya debe ser, sin lugar a dudas, la mejor~mejor del mundo mundial.
Aquel día me sacaron la risa, solo han tenido una madre, al menos en esta vida, y esa soy yo! He sido incansable como una luna creciente y menguante, sin descansar jamás, me he esforzado como una tortuga desovando y he perdido la razón en más de una ocasión portandome como una hiena desbocada, y aveces como demonio de Tazmania, después me entra el remordimiento y la angustia de no estar a la altura, me castigo mentalmente por mis acciones, porque francamente si quisiera ser mejor.
Fue fácil, al principio, acostumbrarme a dejar a un lado mis necesidades básicas, de sueño, de hábitos y pasatiempos, porque traía una emoción maternal que rompió cualquier esquema. En la planeación del día a día siempre el desarrollo físico, mental y emocional de mis hijos fue y ha sido lo principal. Lidiar con los ojos torcidos, y con el "siii mamaaaaaá" (-ya vienes coooon ooootro rollo-) de la adolescencia, eso si me ha costado. Adaptarme a la evolución gradual de 4 angelitos que siempre venían detrás mio cargados de orgullo y que un un día se oponen, porque están cansados o aburridos... eso me desbalanceo. Verlos crecidos, contestando monosílabos me hizo creer que a mis niños entusiastas los había guardado en una caja en el ático, sin darme cuenta y habian cruzado la puerta estos muchachos corpulentos y hambrientos no solo de comida sino te toneladas de tiempo a solas. Pero no es asi, se habían topado con esa etapa de la vida en que quieren y no pueden seguir siendo niños, una batalla en el cuerpo: hormonas vs mente.
Las desveladas limpiando vómitos, noches en vela bajando fiebres y apaciguando la tos, se pagan solas cuando al oido sus voces débiles musitan un "te quiero mucho", esas palabras dan una descarga de energía que levanta y borra las ultimas 72 hrs sin sueño.
Las alegrías más grandes, vienen pegadas a la vida día a día, con manitas manchadas de tierra y vida, dibujadas con crayones en la pared, salpicadas de inocencia como las galletas para los renos de Santa Claus, pegadas en los reconocimientos escolares, en los trofeos deportivos, acompañando a las carcajadas en batallas de globos de agua, en las cosquillas nocturnas. Los mejores momentos de la vida se saborean en el almuerzo y durante la sobremesa, se dan con un beso en la frente. No se espantan con los platos sucios en el fregadero, ni con la ropa por doblar que espera en el sillón. Los mejores momentos de la vida no se planean, se saborean, se admiran como a las rosas y nos estremecen al oir las palabras: "gracias mama".
La mejor mamá del mundo para mi es la mia, y para mis hijos seré yo, quizás, que cada quien conoce a la suya, y sabemos cuanto les importamos, madres sólo hay una, vamos, que somos tan suertudos, que la nuestra es la mejor.
Pero la mejor versión, la que quiero ser yo, es la que se alegra con las pequeñeces y no se opaca ante la imagen idealizada de madres perfectas, impecables y tan organizadas que resultan esquemas absurdos, inalcanzables e inaccesibles.
MarieJeanne Carro
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