Porque el niño tuvo reservado su lugar en su corazón. Siempre tuvo ese mágico espacio para sorprenderse, para disfrutar en grande y buscar el silencio creativo.
Era un niño cuando se reía, cuando comía queso, rábanos, percebes, cuando contaba anéctodas, y más niño aún cuando se imitaba haciendole teatro a su "maman". Era un niño que a los 70 años de edad, mientras disfrutaba del plácido oleaje de la Isla de Cozumel, aletargado en una tumbona, bajo la sombra de una palmera, vió una anguila deslizarse entre las rocas, y ese niño brincó con la destreza de un gato montés y la astucia de un zorro, la atrapó entre sus manos, pero la anguila se movió, contorsionada por el miedo, logró deslizarse, caer cerca del agua, el niño se abalanzó con todo su cuerpo sobre la anguila mojada a la que le fue más fácil perderse y no volver a aparecer. Enfadado por su falta de habilidad, se consoló pensando en el manjar que representa comerse una anguila, contándome como sí las atrapaba en las costas de Normandia con su hermano, yo siempre lo recuerdo, pero gracias a este día lo recuerdo hasta cuando como sushi.
Era un niño que no dejaba ni una gota de salsa en ningún plato porque remojaba el "coscorro" hasta terminarla. Bautizaba pasteles y no compartía sus chocolates. Era obstinado, tenaz, agradecido, correcto y aveces desesperado. A ese niño le brillaban los ojos con mi bicicleta y tambien cuando me enseño a parchar la goma. Extraño a ese niño que se fue a los 93 años y extraño a esos niños que están durmiendo su infancia porque están cansados de la presión, quizás estamos olvidando que la niñez es el cimiento de la vida misma.
Brindo por las travesuras que se reflejan en el brillo de los ojos, por los pescadores de aventuras que cargan con sus cañas y sus lombrices, creadores de sueños que se inventan armas con un papel, bombas con albondigas y aviones con los brazos, perseguidores de ilusiones con capa y espada que conquistan dulcineas llamadas madres. Brindo por una niñez sin fronteras.
Brindo por el niño que vive en cada corazón.
Sunday, April 30, 2017
Porque era un niño
Friday, April 28, 2017
Completamente uno
Era cerrar los ojos para encender los sentidos y ver mas allá del horizonte, en ese grandioso universo que solamente percibimos con los ojos cerrados.
Era escuchar el viento que rozaba mi piel y sentir su perfume de hielo, la brisa en mi rostro, era mágico.
Era sentir el sol en la piel, y me percibía sonriendo, preguntándome hacía donde iva, tirada en la nieve con las narices heladas, abría los ojos con una carcajada para perderme en el más hermoso e infinito azúl que pudiera describir.
Esa soledad me grita, para que me encuentre a mi misma, y reconozca el camino que es mío, por descubrir cada día, y los libros que me esperan para ser leidos y modificarme, historias que he de compartir y lecciones que habré de aprender.
Era yo, ahí, cada atardecer con la obstinación de encontrar la risa de alguien.
Era yo que cantaba para avivar la llama, revivir nostalgias, era la vibracion de las seis cuerdas de mi guitarra, que me acompañaban.
Esa era yo, todo parte de mi sueño que hacia realidad, ahora al darte la mano y mirarte a los ojos veo que hago cosas distintas, diferentes, me llenan de un modo distinto, es una entrega abnegada, una labor altruista en pro de mis retoños, de ese hogar que siempre soñe.
Es un instante que cautiva por siempre.
Es un tiempo que nos hace olvidarnos, que nos borra de nuestras propias prioridades, se come del espejo nuestro reflejo.
Seré yo para mi denuevo, en un tiempo, cuando este momento quede percibido como un cocktail de emociones, y alcance a encontrarme en cualquier imagen.
Entonces, seguiré siendo yo, la que se ría por tonterías, hasta las lágrimas, seguiré siendo yo cuando me exalte y me enfade y busque en los libros respuestas y en el viento armonía. Me alegraré de nuestros encuentros y nuestras charlas, las anécdotas y las risas que hacen de estos días lo inimaginable, quizás inconcebible, pero me complementan como mujer y como madre.
Thursday, April 13, 2017
Te habre contado (poesia desencontrada)
Te habre contado tantas historias,
en tantas tardes que coincidi,
habré gozado en repertirlas sin detenerme una y otra vez,
y al ver tu cara, que regocijo,
tus mil sonrisas color de mar,
tus dientes blancos, tus ojos negros,
Tu voz clavada en mi corazón.
No me deshago, ni pienso hacerlo, son mil recuerdos que tengo yo,
Tus suaves manos, tu piel tan tibia, tu aliento ingrato una provocación.
Donde te fuiste con ese aire,
Donde te fuiste que no supe de ti
Daria mi vida, mi vida entera por encontrarte una vez mas
Y asi reirme de tus palabras,
Abrazar tus ojos sin refleccionar,
Tejer la luna entre beso y beso.
Y entre tus brazos querer morir.
Sunday, April 9, 2017
Pintando recuerdos patrios
Son tantos colores.... que con azul de tu cielo salpicaré interminables lienzos para inventar paisajes, adornando tus infinitas, majestuosas y solemnes montañas, que se funden en tus costas haciendo de tus playas, las más bellas, las más visitadas. Con blanco dibujaré tus olas y sus cresta que se forman, engalanándose para seducir a nadadores, surfistas, lectores, músicos, escritores, clavadistas, marineros y fotográfos. Con el negro, azul y gris haré una mezcla que cruja como tu mar que adormece, marea, embauca e hipnotiza o asusta cuando anuncia un maremoto. Todos los colores de las especies y los chiles que nacen de tu tierra, para hacer trazos, simulando la costa desde Oaxaca a Puerto Vallarta quedándome plasmada en tus atardeceres, dejando millares de huellas de interminables caminatas descalza, para observar ballenas, focas, aves, delfines, rocas y rayos, llegando a una tumbona en la playa de los enamorados y saborear el vaivén que se da entre el Pacifico y el Mar de Cortés, que se acaricián hasta procrear, en pleno atardecer, un delirio. No sé con qué mar tuyo quedarme, porqué no se cúal de ellos es más bello, además tienes el Caribe, con sus aguas claras y arenas blancas, cenotes y ríos que se deslizan hasta una cascada que se azota ya sea en Chiapas, San Luis Potosi o Taxco para dar de beber al henequén, al cempazuchitl, hortencias o jitomates, por llanuras, bosques, desiertos y selva; cubiertos del verde del chile relleno y de la vida misma, de la impaciencia por conocerte todo; del amarillo del oro escondido bajo tus minas y a los pies de Cuaútemoc, y del sol que quema eterno en tus pirámides milenarias. Agua de vida que nace por todas partes, sulfurosa, caliente o helada, tranquila, independiente y cristalina, eternamente bañada por tu sol cálido, y arrasador. Pintarte a ti, es morir en el intento, es tratar de robar un paisaje indescifrable, es bailar en Vera-Cruz: majestuosa reina de la marimba, los timbales y las tradiciones, de la humedad tibia y eterna, que por ratitos presta el muro de su San Juan de Ulúa para que los poetas se sienten a escuchar el son de su mar borracho y loco acompañado del interminable tintineo de "La Parroquia", comensales que golpean con su cuchara su vaso de cristal para llamar la atención del mesero que corre con con jarras de café y leche caliente, para llenar el vaso a gusto del cliente, y de esos buques que llegan a tierra cargados de ansias de tí, y de recorrer tus jarrochos portales. Llama a la mesa, Patria de las mil haciendas, de San Miguel, Guanajuato, Celaya, Hidalgo y Sinaloa; eres una sinfonía de aguas dulces, teleras, tortillas, hojaldras, bolillos, semillas, picantes, mole y pipian, tostadas y gorditas, nueces, mangos, tamarindos y cocos un sin fin de dulces regionales de leche de cabra y frutas caramelizadas, nieves del tepozteco servidos todos en vajillas de talavera, y vasos de vidrio soplado de Tlaquepaque! ¿que eres sino fiesta? Corren las cervezas, el tequila, el pulque, el mezcal, el aguardiente de caña y los mariachis, que si bien éstos no se beben, van siempre de la mano; haciendo vibrar al guitarrón, la trompeta y el violín para desquebrajar mi voz y hacerme llorar. Tierra de mil colores y sabores. Lloro porque te usan y te abusan y te burlan, como si fueras un toro picoteado por el rejoneador. Si supieran... si supieran de que estas hecho, si supieran respetar a sus mayores, tú, tierra fértil, tan fuerte, tan rica y poderosa seguirías intacta y feliz dando frutos a los hijos que te aman.
Esa es mi pintura.
Y esta mi solución:
En la horca los bandidos, manjar para los buitres.
Sunday, April 2, 2017
Dónde duele?
Duele aquí dentro, la falta de tí, la incertidumbre, el hambre, el remordimiento. Duele como una piedra atorada, como un río que desborda, como una ausencia desmedida.
Duele saberte lejos, como duele el abismo que abrimos y extendimos sin medida de tiempo, sin abrazos encontrados.
Y lo único que embarga esa pena, es abrazarte con mi alma y mi mente, con el dolor que se encoje, con el recuerdo que se encuentra, con el silencio que amanece y con lágrimas que gozan perdonando.
MarieJeanne
Los recursos de mis tiempos
Yo vengo de un tiempo distinto y quizás algo distante, había suficiente, no en demasía, la luz había que apagarla porque había consciencia sobre el costo de la producción, el correo se pesaba, era lento como un parto, el teléfono era caro, carísimo y lo podíamos usar a cuentagotas, las llamadas de larga distancia venían con grito de sorpresa integrado: "llamada de larga distancia de tal o cúal ciudad!", que bien podría encontrarse a sólo 100 Km de distancia. La información se refrescaba a media noche y se depositaba al alba en el portón, impresa en papel de tercera, con tinta que se impregnaba en los dedos, en el mantel, en la silla y hasta en las paredes si no tenía uno cuidado. No había micro-ondas, y la leche, que traía el lechero en frascos de vidrio, se calentaba en una olla con gas propano. Traían el gas en tanque, lo repartían en un camión del que bajaban 8 muchachos y al terminar de bajar los cilindros se apiñaban de nuevo todos en la misma cabina. De aquellos días sólo han pasado 40 años. Yo no aprendí a matar pollos, ni desplumarlos, sólo llegue a engordar unos patos 'cagonildos', mi mamá se encargo del resto y junto con mi generación nos desprendimos y desentendimos de esa práctica antigua heredada por el hombre de las cavernas, un lujo del que no deberíamos prescindir. En mis años de infancia yo creía que el mundo seguiría siendo el mismo. La linea del tiempo me parecía tan larga como 5 generaciones y la guerra mundial era una pelicula en gris y negro a la que le tenía terror. Ivamos andando por tortillas recién hechas y llevabamos un trapo para envolverlas y me parecía fascinante y divertido que ofrecieran un salero, para que uno, el consumidor, le pusiera sal al gusto a una tortilla y la saboreara de vuelta a casa con arte de albañil. Nuestros juguetes se guardaban en un cajón, eramos creativos, imaginativos, sabíamos hacer nudos y balsas incandescentes con corcholatas y cerillos, sin necesidad de you-tube y sin aburrirnos. Cantabamos canciones infántiles aún en la adolescencia y digeriamos con calma la comida y las conversaciones. Hoy no sé si son tiempos mejores (apuesto que sí), eso no lo voy a discutir, al menos los grillos cantan con la misma fuerza y me incitan a recordar las noches húmedas en Cuautla, dónde contemplábamos las estrellas, ellas, siguen acomodadas en las mismas constelaciones en las que las percibieron los Griegos y las estudiaron los Mayas, suspendidas en la infinidad de un cielo que nos da sorpresas cada atardecer. Ojalà gozaramos de más tiempo para tumbarnos al pasto, césped, grama o yerba para contemplarlas y poder aspirar y reconocer el aroma de las flores. El tiempo anda escaso ahora, y tiempo de no andar apresurados hace mucha falta, para formar consciencia de los recursos y hasta para sentir las gotas de rocío.