Einstein observó al mundo con un ojo silencioso, escribió fórmulas, teorías, cuadraturas y le atribuyen alguna carta a sus hijos ( o a su primogénito ) llena de consejos sobre el amor, sin haber podido él mismo darle rienda suelta a la práctica y transmitirle a través de las vivencias ese amor. Pero todo lo que hizo nace de sus observaciónes sobre el universo, el mundo, el entorno, las partículas y más que nada el tiempo. Su trabajo se quedó plasmado en papel hace mas de un siglo, y muchos han querido probar sus teorías.
Existe una isla en el Caribe, en el que el tiempo quedó atrapado en aras de una revolución, un país rodeado de un mar transparente y pasivo, despojado de comunicación. El tiempo va y viene meneándose al compás de las olas y las palmeras que se agitan con el viento, sin poder quebrarse, ni desprenderse, sin alimentarse. El tiempo está destinado a permutarse ahí mismo, con su tictac marca las arrugas en el rostro de sus habitantes, se consume como el tabaco que fuman las mujeres que se sientan con un puro ante sus puertas y sus sonrisas de tres dientes. El tiempo se sostiene apuntalando escaleras de los edificios decrépitos y en ruina pero que siguen habitados. El tiempo tintinea sin avanzar, se pierde sin evolucionar, se esconde temeroso, se embriaga sin libertad, se enferma sin remedio, se nubla sin destino, en aras de una revolución que se perdió con los diarios de una motocicleta en un horizonte inalcanzable.
Ningún ejemplar más exacto para probar las teorías de la relatividad, el viaje através del tiempo y el fracaso de las teorías políticas. Es inminente la necesidad de cada ser humano por aprender historia desde los diferentes ángulos que definen la perspectiva, para evitar los mismos errores. Construir un mundo donde crezcamos con el tiempo, através del tiempo como una humanidad salpicada de vida.
Wednesday, February 17, 2016
El tiempo y su cadencia
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