Ella flexionó sus rodillas para mirarme a los ojos. Yo podría haber olido sus años, contado sus canas, pero me perdí en el brillo de sus ojos, parecían de cristal como si estuviera a punto de llorar, mi mano estaba ya entre sus dedos y sin dejar de mirarme, acariciando mi pelo revuelto me dijo:
"Yo he sido amiga de su abuela muchos muchos años, conocí a sus bisabuelos, conocí a su tío y a su madre cuando eran más pequeñitos que usted, los abracé con la misma ternura que abrazaba a mis hijos y con el mismo cariño que cuando usted me lo permita lo abrazaré. Me alegra enormemente conocerlo y reconocer la alegría de su alma, que es el reflejo de su abuela y de su madre. Siga divirtiéndose y crezca feliz" la abracé por impulso, olvidándome de su petición, supe que mi abuela había sembrando cariños por la vida y ahora yo los cosechaba por añadidura y por bendición.
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