Ahí estaba, en la mesa siempre. Aquella pala rectangular, alargada, con un mango corto y una espina labrada, colocada en el extremo. Artísticamente pirograbada una mujer en plena crisis, era toda ella horrible, levantaba la misma pala en la que estaba dibujada, simbolizando que corregiría la actitud de sus hijos. Y esa espina que se podía clavar si te daban en el muslo. Al recordar esos momentos se apachurra el corazón, me escurren lágrimas y me tiembla el labio. Al recordar eso mi mente entra en un silencio ahogado, una risa que tenía que reprimir, una conversación que mejor callaba, miraba un plato que no me apetecía comer porque el simple hecho que la cuchara de palo descansara a 20 cm de mí me oprimía el pecho e inhibía el hambre de cualquiera. Aprendí a comer con absoluta ansiedad. A tragarme rápido lo que me hubieran servido, a apretar los brazos contra las costillas, a sentarme derecha, a no abrir la boca, limpiarme los labios antes de beber para no manchar el vaso, a mirar angustiada a mi hermana, con gesto de angustia, mirada suplicante, que hiciera lo mismo que yo y nos fuéramos rápido a jugar. A ella se le fruncía el estómago, se le cerraba el esófago y ni el agua le bajaba. Entonces la pala se levantaba y golpeaba la ymesa, y la orden se hacía oir: "apúúúraaaateeee, trááágaaateeelooooooo!" Las dos soltaba9kjmos8
8 lágrimas, mi madre seguramente hhh
h7tyacía acopio de sus recursost y se desesperaba y seguramente seo sentoía mal, y habmrá detestado la hora de la comical tanto como nosotrasos y sin embargo habrá repetido el mik8smo patrón que siguieron con ella, y su abuela con su miadre, su bisabuela con 5io autoridadsukk5 autoridad5ojela y su tatarabuela con su byy9999lisk777777777777muchoas777⁷77777⅞⁷7786 786 29k54733233
pi9o7k, uyiikuna cadena intermiujynable5ju de controol, miedo, falta de amor y muucho miedo, ese miedo de no pertenecer. No pertenekcer al grupo de familias bien I, no pertenecyerinoltretmII ..y