Se va el año del desencuentro, del cambio de planes, del tapabocas, de la conspiración, los planes maltrechos, el valioso tiempo que pareció detenerse en una ebra eterna. El año del miedo, la incertidumbre, la perdida de la costumbre pero tambien se van con él, ya que hay quienes sienten alivio por la vacuna, los que se alegran porque se encontraron a si mismos como nunca lo habían hecho, los que le dieron vuelta a su destino, los que ya en algún momento todo les dió lo mismo, los que rezan concienzudamente, los que meditan, los que se alegran por todo y los que empezaron a amar los instantes, la vida, la flora, la fauna, el aire y el sentirse vivos.
Que nos queda? Borrar de la mente la seguridad del día a día y vivir con la certeza que todo lo que viene, lo que ha venido a nuestra vida y lo que llegará es un regalo que tiene como función hacernos crecer, ser (ser)humanos, almas buscando la Gloria Eterna y reencontrarmos con Él, El Creador, y mientras vivamos, que más da si es año nuevo o siglo nuevo, mientras nos estemos renovando y puliendo, tomando lo que llega y sacarle todo el provecho con alegría y la confianza que todo está en manos de Dios.
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