Fui a visitar a la que en aquel entonces era una conocida del club, que se había mudado cerca de mi casa, fui para conocer a su bebe, y llevarle un regalito de bienvenida. Tan pronto llegué, ella extendió sus brazos y me lo ofreció para que lo cargara y yo que siempre he tenido fascinación con los bebés, me encontraba muy dispuesta y entusiasmada. Pero como cosa extraordinaria en mi vida, apenas lo tome en mis brazos, me convertí en una fuente, lágrimas escurrían sin cesar de mis ojos y no podía ni hablar. Solo alcancé a esbozar uno que otro perdón, tenía mucha mortificación con ella, pero simplemente mis lágrimas no pararon. Ella con su coloquial: "sueltalas, sueltalas" ni le afectó que yo pareciera un río de agua viva. Cargué a Su Angelito una hora, en la que no dejé de llorar, y ella sólo repetía "tranqui, tranqui". Al salir de su casa esa tarde, tuve la sensación, que sin necesidad de confidencias, me había hecho de una amiga que comprendió todas mis lágrimas y supo que había un lugar enorme en mi corazón para ese ángel que me ayudó a soltar esa tristeza...
Han pasado años ya, él corre por la vida, siempre alegre, cuando lo veo se me agüan los ojos, siempre, siempre me dice : " que bueno que te veo!", -Eres un adorado!- le contesto, pero en el fondo, yo sé que él lo sabe.
Wednesday, October 31, 2018
Lazos de lágrimas
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