Friday, November 3, 2017

Suspendida en transición.

Hoy le es igual. Se han agotando sus silencios, convertiendose en lágrimas.
Se ahogo su propio llanto en el tiempo, se le inundó el corazón y se mojaron sus mejillas. Se le acabaron las ganas, poquito a poco, su sonrisa libre se volvió cínica y cuestiona su pasado y reprueba la decisión más importante de su vida. Se golpea la frente contra la pared y no sabe como salir del atolladero en el que se encuentra. Esa decisión era en su momento la mas importante y aquel día llena de algarabía la eligió. Está condenándose, castigándose a si misma por no haber visto lo que ahora le aturde y cansa en cualquier escena de su vida diaria y en cualquier conversación. El mundo sí vió entonces lo que su enamoramiento o ceguera absurda le impidió y ahora se le han acabado las ganas. Esas ganas que alborotan las mariposas estomacales, esas que no cree uno necesarias pero son indispensables, las de sonreirle, tomarle de la mano, conversar, platicarle historias, prepararle algo que le guste o dejarse consentir. Se esfumo  la intimidad de los detalles y los deseos de perseguir ilusiones de la mano.
    Cedió ilusionada ante la imagen distorsionada de un futuro compartido y lleno de detalles que solo existieron en su imaginación. Esa capacidad de decir si... le acabó. Cambiaron los dos con la mirada puesta en horizontes distantes, sin tomarse de las manos. Se abrió el abismo de la rutina y el hastío, que vuelven irreparables la existencia del lazo. Hoy, se encuentra en transición, dispuesta a cambiar, abrir los ojos y fundirse en su mejor versión, esa que se dibuja suspendida en esta transición, hasta volver a tocar tierra firme, a ser dueña de sus momentos.

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