Cuando nacen los niños decimos que traen torta bajo el brazo, traen alegria, fiesta, regocijo, emoción, nos acomodamos para hacerle un hueco entre nosotros y nos acoplamos a todas sus necesidades. Cuando se adelanta alguien, es una tristeza profunda, a fuerza se tienen que mover las piezas del tablero, la pensamos tres veces, algunos se reusan a tomar decisiones importantes, negando la realidad del desprendimiento y tambien quisieramos despertar de la pesadilla, quisieramos alargar la vida tal cual la tenemos, hasta morir. La vida es un proceso, lleno de altibajos, grandes emociones que acompañamos con lagrimones, y es que a mí me brotan por alegría, por tristeza, por desconcierto o solamente por acordarme, de lo bonito, de lo amargo, de lo dulce, de lo feo, de los silencios contagiosos que provocan abrazos... y entonces en el silencio que me rodea, me pierdo con las gotas de agua entre la capa de cielo gris que nos cubre hoy. La distancia pesa, y he de agradecer a Graham Bell por el maravilloso invento del teléfono, que si bien no nos permite el contacto físico si nos permite conversar de un lado al otro del mundo, sentir a mis seres queridos sentados al lado mío, cuando me tomo un té y les llamo por telefono para acortar o disipar distancias, y por que no? a veces una copita y cada quien con la suya platicando un buen rato. Gracias de nuevo a Graham Bell, y los inventores que siguieron sus pasos, mejorando ese magnífico artefacto, y desarrollando el fax, el internet, los inalámbricos y los teléfonos inteligentes que nos hacen graciosos caminantes que vamos hablando y riendo con alguien que al otro lado del mundo tambien camina y se rie, solo pero bien acompañado.
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