Me cautivan los lobos por su trabajo en equipo, por el respeto a los viejos, por su escala de valores. Me encanta verlos desplazarse en grupos, preparar su cacería, acarrear a los lobatos, y proteger a cuantos necesitan ayuda en su grupo. Me encantan las elefantas porque se mantienen unidas como madres, cuidan al huérfano como propio. Se mueven en grupo, respetan la edad como trofeos, son amorosas.
Me enamoran los cisnes, por elegantes y fieles. Aves de una pareja, así dure un año o toda la vida.
Y del león, bueno, se come las crías de una viuda, él debe prevalecer en la manada, él se corona como cazador, las leonas hacen el trabajo, pero cuando le llega su hora, es el más digno y valiente. Se despide de su manada y camina en sentido opuesto. No permite que ninguna leona o cría lo sigan. Se aleja cargado de orgullo, voltea dos o tres veces, el grupo lo observa, él se cae, se levanta solo, con dificultad sigue andando, las aves de rapiña se acercan, mientras su manada lo observa en silencio, como perros fieles, se vuelve a tambalear, logra mantener el equilibrio, tres pasos más, cae al suelo, trata de alzarse pero no puede, se rinde mientras una lágrima escurre de su ojo, contempla resignado al infinito y se deja ir. Las aves de rapiña se acercan y las leonas sólo observan, permitiendo que la vida y la cadena alimenticia sigan su curso.
Morir es la parte culminante de la vida, el proceso fundamental. Para la mayoría de los humanos es un dolor que desgarra desde las entrañas, quizás porque no lo entendemos, lo sentimos como un castigo personal. Entender que a los demás les puede llegar la hora antes que a uno es fundamental. Acoplarse a la nueva realidad es el proceso doloroso, de los que están magicamente amoldados a la vida del que se va.
¿Y yo que soy? Un cisne con alma de elefante, que se esfuerza por ser lobo y que quiere morir como león.
Wednesday, September 14, 2016
Animales...
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