Donde está Paris? En el corazón de los enamorados del amor. En las personas absortas en sus pensamientos románticos, que sienten las calles vacias, las llenan de flores y solamente encuentran parejas que se abrazan ocultando sus besos, huelen en el aire las "baguettes" recien horneadas, crepas con mermelada de "mirtilles", castañas calientes y pan con chocolate. Los enamorados disfrutan del parc Monceau, en invierno o en verano, con lluvia o con sol, sus lilas y sus patos, sus bancas y sus prados verdes e impecables. Paris hace suyo al rio Sena, y el Sena vive de Paris, serpenteando cuateloso y nostálgico, meneando sus barcazas al ritmo de un acordeón que vive en Mont-Martre. Un acordeón y un piano que acompañaron a Charles Trenet e inmortalizaron a Edith Piaf.
Los enamorados se pierden en Paris, en su metro y en el Trocadero, en "les Tuileries" y en la "Rive Gauche". Los enamorados de Paris caminan por los Campos Eliseos embriagados de nostalgia, condimentan sus bocas con caviar y chamapagne, se visten en Céline e Yves Saint Laurent, enguantados por la dulce imaginación. Visitan el Quai d'Orsay, contemplando las esculturas de la exposición, iluminados por la luz que traspasa los ventanales, mientras resuena un eco de tiempos lejanos: " Paris, tout le monde descend" entre el gemido de las locomotoras que un día llegaron a descansar a esa majestuosa y hermosa estación.
El turista enamorado de Paris y el Parisíno son distintos, el primero vive la leyenda a cualquier precio, el segundo es parte de una leyenda que se revive en la agobiante prisa de la cotidianidad y sin embargo se detiene distinguidamente frente a una ciudad artística e histórica, donde desfilan los grandes y la inmaculan los Miserables.
Paris, siempre, debería pronunciarse en francés: "Parri". Al pronunciarlo en francés se convierte en sueño sublime, música encantada con acento Parisino y así, puedo sin esfuerzo, saborear un Vouvray, paladear un "Bleu de Bresse" o un "chèvre chaud aux cendres", escuchar millones de burbujas que revientan de un "pétillant"; veo, huelo y degusto un "foie" con todo y trufa, un "Cassoulet" y un "Trou Normand".
Imagino a Victor Hugo tan dueño de "Notre Dame" como Balzac de la comedia humana y los chismes de barrio, también a Rodin que tuvo el atrevimiento de grabar las esculturas con su firma, perpetuándose para siempre, a través de ese amor y ese desprecio, ese odio y esa pasión que le permitieron robarle la autoría, desangrando hasta la última gota del dolor enamorado de Camille Claudel como una tortura voluntaria.
El goce del buen vivir, la contemplación del arte, el paladeo de frutos, postres y platillos extrasensoriales, las caminatas a media noche en silencio de la mano del corazón, bajo la luz de farolas y el canto del río, los bailes enardecidos de la Bastilla, la música que nace y se hace, se difulminan para que los enamorados, que somos tantos, podamos llevarnos en el recuerdo una súblime sensación, tan sólo como un rayo, de esa inquebrantable e inagotable luz que emana de la bien llamada "Ciudad Luz".
Thursday, August 25, 2016
Paris
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