Thursday, August 25, 2016

La Señora Andrea

YSe fué. Se fué la señora Andrea, a su patria Boliviana. Regresó después de años de trabajar en el Norte, porque se la estaba consumiendo un cancer abrasivo. Había venido como tantos otros emigrantes, para tener mejor ingreso, ayudar a sus hijos y poder cumplirles sueños. No los vió por años, pero les pagó la escuela, les puso negocios, les mandaba dinero, les llamaba la atención y daba órdenes, enseñandoles a diario el arte de la responsabilidad y la honradez a través de su incansable perseverancia y sus llamadas telefónicas. Típica imagen de la mujer araucana, fruto de las migraciones pero impregnada de sus raíces, vestida con sus faldones oscuros, su balanceo al caminar, su sonrisa afable y edad indescifrable. Carismática, respetuosa, cariñosa. Sus manos curtidas y arrugadas eran el mapa de cientos de ideas y pensamientos que callaba para no discutir, lágrimas que ahogó cada noche balanceando el sacrificio de ser madre a miles de kilometros, por un mejor futuro para los suyos. Venía a casa de Pili, feliz. Me saludaba cuando cruzaba con ella en el camino, me platicó en dos o tres ocasiones sobre la leche y las flemas, las montañas y las llamas, los niños y la felicidad. Abrazaba como una abuela.
Ya se fué con todo y traje típico al cielo del Titicaca, a los caminos de Yungas, a los laberintos de Chiquisaca, al cielo de los Andes, al cielo de los ángeles.

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