Nacen benditos por mil sonrisas, sueños y suspiros de nueve meses a la espera, que se cocinan entre hormonas a la alza, hormonas a la baja, libros pediátricos, reportajes didácticos, ansias sobre el tamaño de responansabilidad que se avecina, acompañadas de buñuelos y tostadas con cajeta y chile piquin (antojitos insólitos), saturación de información, planes de pago hospitalario, camisetitas, chambritas y noches maldormidas, festejos de bienvenida y tardes de soledad, prácticas de respiración imaginando un dolor que no tiene definición, ni cupo aún en la mente, interrumpidas siempre por la risa en pareja. Se acaricia la panza y ya la cubre con mil bendiciones de amor.
Primer retoño, la primera nieta o el primer nieto, nos hace subir peldaños indefinidos, tejiendo asi el libro de la vida. Somos hijas e hijos, y algunos llegamos a ser madres o padres y los más afortunados se coronan como madres y padres, los llamamos abuelos, y ahí están meciendo en brazos al retoño del hijo o de la hija... recordando en un segundo millones de memorias, sensaciones y olores, una vida que se despliega en un suspiro, queriendo ver el alma a través de unos ojos que apenas se abren, para sonreir en una complicidad eterna, curiosa, entretejida en besos y secretos siempre traviesos. Terroncitos benditos que nacen rodeados de amor y traen con sigo millones de alegrias.
MJ Carro
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