Volví a casa, tres días después con un hueco en el vientre que me calcinó el corazón. Me sentí traicionada y ultrajada porque el médico no llevo acabo lo previamente acordado, que era el parto como lo viví en sueños, él hizo un legrado sin mi consentimiento, y los huesitos de 20 semanas me desgarraron la matriz y mi ser quedó igualmente descuartizado. Allí estaba yo, abogada de provida tragándose sus palabras y su orgullo. Ni yo misma podía verme en el espejo.
Me revivió el alma cuando vi correr a mis hijos de 2 y 1 añitos (almas benditas) a mis brazos y treparse en mi cuerpo débil, sentí que estaba gracias a ellos, en vías de reparación.
Ese fue el jarabe de la vida. La lección: yo no soy nadie para juzgar a nadie, las circunstancias que nos rodean no siempre sacan lo mejor de uno. Eso es lo que he de perfeccionar: Ser la mejor versión de mi sin importar mi entorno, y mientras pueda, proporcionaré herramientas y un entorno favorable para que quienes me rodean se sientan tranquilos de actuar y decidir de la mejor forma.
AMÉN
Mariejeanne Carro
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