Friday, January 24, 2020

Aquella venda, se soltó

Aquella venda....se despegó. Y aquellos ojos que caminaban a tientas se cegaron con tanta luz, y duele, tanto como encontrarse con la verdadera imagen de uno mismo. La imagen que devuelve el espejo no es lo que uno supone ser. Duele mirarse sin tapujos y entonces atreverse a palpar con el alma. Duele haberse equivocado, duele haber lastimado, duele el dolor que uno provoca en los demás. Y vuelve como un boomerang y me tumba. Y siento el alma apedreada, drenada, quiero ahogarme en mi propio llanto para abrir los ojos renovada. Quiero tener ese amor para repartir, esa paciencia para sentir, esa calma para servir, ese tiempo para enmendar y remendar... que ciega soy...quiero tener la osadía de nunca volver a juzgar.
     Y si todos fueramos asi? capaces de no juzgar a los demás, capaces de ver nuestras propias faltas y enmendarse uno mismo, capaces de no culpar a los demás y entender su verdad? Hay veces que uno reconoce sus faltas y los que escuchan se entusiasman y nos siguen culpándo en vez de cambiar la respuesta y decir: !Aquí está mi parte, levantemos juntos las piezas!
      Los momentos son de dos. Los destrozos son de dos. Las enmiendas son de dos. Dos perdonando, dos enmendando, dos contruyendo en un mano a mano. La cumbre se comparte, no se conquista la cima sin haber estado en la sima.

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