De pronto no queda nadie, no queda nada. El eco resuena como un péndulo. Las manecillas se detienen y no quieres moverte, no quieres saber nada, porque en el silencio flota esa musica que llena, el crujir de las ramas, las hojas que caen, el aire que forcejea y acaba por escurrirse entre el cristal y su marco. Recordamos tantas palabras, tantas vivencias que el espacio acaba por llenarse.
De pronto la imagen que te devuelve el espejo, esboza cansancio, los ojos se ven pequeños, los parpados cerrados a media luz, la sonrisa adorna el alma, la imagen a través de un fino paño al que llamamos años.
El sol se levanta esta mañana con su habitual silencio, la música del alba y los rayos tímidos, penetra en los sentimientos, despierta sonrisas frescas y abrazos prolongados. Esos que se regalan para alimentar el alma. Notas elegantes e inusuales, que regalamos con nuestra voz cuando amanecemos, al decir buenos dias, antes de deslizar las pantúflas arrastrándolas con desgano, la respiración profunda se ha vuelto un trueno, y el aliento es de mar cansado.
De pronto somos viejos y no sabemos cómo. La rutina nos absorbió como una esponja. Nos llenamos de todo, nos faltan todos, nos aferramos a la vida cortando horas de sueño, en las que queremos brindar, saborear, aspirar el aire, disfrutar sobre todo del silencio y la mejor compañia, a los que uno quiere🧡.
Mariejeanne Carro
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