Agallas, le sobraban a Doña Ursula. Como ella ningúna. Su padre habia sido militar, en aquella Revolución Mexicana, cargada de traiciones, tan temible como la Rusa, tan polvorienta como turbia, tan devastadora como confusa. Los militares que sobrevivieron sin ser asesinados a sangre fría, criaron a sus hijos en un México más organizado sin duda, pero en casa, con asadón de palo. Ciertamente doña Ursula heredó de su padre la obstinación, la valentía, la precisión, la cordura, la sangre fría y las agallas. Alta como su padre, sigilosa como su madre, mandona como el padre y artística como la madre, una mañana, despachó a los críos al colegio, bien desayunados, con su atole de vainilla y un tamal dulce bien asentados en el estómago como masa de concreto; al marido para el despacho y ella a su ritual de belleza, algo ligerito que estaba apenas llegando la mitad de la semana. Así que cuando se encuentra apunto de untarse la pomada blanca en el rostro, y con el pelo recogido, en una toalla, escucha las duelas crujir. Doña Ursula, sin la menor traza de miedo, sale al pasillo preguntando a todo pulmón, "Dónde se esconde el cabrón que me quiere sacar un susto?" El silencio invade la sala, ella baja las escalinatas y escucha un leve roce de zapatillas. Con su ronco vozarrón, se dirige al intruso: "Mira maloliente, a mi, no me estés jodiendo. Sal de ahí o te vuelo los sesos de un tiro"... el interfecto, sale con la cola entre las patas y la mira de reojo. Ella con sus brazos en jarra, le pregunta: " Que no te enseñaron en tu casa a llamar a la puerta? Quieres robarme? Favor que me haces, pendejo! Si lo que estoy es divorciándome, con las ganas que tengo de quitarle todo, pero que crees? que él, ya me dejó en la calle practicamente, si es abogado! Y de los buenos! así que tú, tómate tu tiempo, y mete en la cajuela de tu auto, todo lo que quepa, que lo que quiero es vengarme". El infeliz, abre los ojos, incrédulo y lleno de exaltación, llama a su cómplice, meten el auto a la cochera mientras ella dirige la acción y este par de gandules se van dando vuelo sacando televisor, radio, tostador, licuadora, en un momento determinado, un ladrón afuera y el otro a cuclillas desconectando un electrodoméstico, doña Ursula, le clava el cuchillo de carnicero por la espalda, lo arrastra hacia la puerta de servicio, se esconde tras la puerta batiente de la cocina, y en cuanto el compinche la cruza, ella lo ataca por la espalda, perforándole el pulmón. De una, ambos se encuentran tumbados en el piso, desangrándose. Doña Ursula, prende la tetera, espera que el agua hierva, se sirve un té de tila, toma el teléfono y llama a la Secretaría de la Defensa Nacional, por su linea privada: -"Cabo Gomez, para servirla a Usted, señorita!"
-Cabo.
- Si Doña Ursula?
- Mándeme al equipo de limpieza, como alma que lleva el diablo.
-Si mi Doña.
Y así en 8 minutos, llegan a casa de Doña Ursula, 30 cadetes bien uniformados, recogen los cuerpos, limpian la cocina, regresan los artefactos a su lugar, se llevan el coche de los intrusos y borran cualquier pista o huella de los improvisados visitantes a la casa de la hija del General.
Friday, July 5, 2019
Agallas... las de la hija del General!
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