Levantarán ese puño pidiendo silencio y se me cerrará la garganta, se me aguarán los ojos, elevaré mi oración por ti, mi plegaria al cielo por ustedes, por cada uno, que sin pensarlo, se escabullen entre escombros y ruinas arriesgando su vida por encontrar y sacar a "uno mas con vida".
Eduardo en su silla de ruedas separaba el metal del cascajo, Obdulia se llevaba las cubetas y las regresaba vacias. Marcos le traía agua a Guadalupe, se la daba a sorbitos, le platicaba, le preguntaba sobre su vida, la daba la mano, la dejaba dormir a ratos y otros la despertaba con un cariño en la cara para hacerle la espera más benévola y alimentar la esperanza. La losa del inmueble no la dejaba salir, la tenía abrazada por la espalda. Allí estuvo ella musitando, contemplando ahora un cielo estrellado y a ratos un cielo luminoso, durante ocho días, cuidada por los Ángeles del Socorro, esos que pululan cuando "retiembla en sus centros la tierra" y se simbra México.
Guadalupe aguantó impávida, hasta que al levantar la losa, ésta adherida ya a su carne le arrebató el último soplo de vida, con el llanto de quienes velaban su sueño. Guardaron un minuto de silencio para Guadalupe que se fue el 27 de Septiembre de 1985 y así en la misma fecha pero del 2017 se repitió la escena y todas las escenas que vive México después de sus terremotos, como una película de terror o como una película de amor, de entrega, de hermandad. Esto es lo que pasa cuando una Ciudad hierve con Ángeles Socorristas:
Gabriel, Hernán, Asunción, Hermenegildo, Eulalia, Eduardo, Ana, Marcos, Raquel, aquel, éste, el otro, el chaparro, el tuerto, el mono, el orangután, el flaco, el güero, el veloz,..., nombres y apodos de los héroes que nos dió la Patria.
¿Apellido? Si señor: ¡Mexicano!