Era nuestra, de todos, y me gustaba estar ahí. Me gustaba lo que hacíamos y como nos turnabamos para realizar las actividades. Desde que sentía la humedad del rocío de la mañana, me desenrroscaba de mi ensimismamiento y con un ojo contemplaba a la tribu y sus ruidos. Pero siempre despertaba yo antes que el alba. Salía a respirar aire nuevo y fresco y espantaba la neblina con un cántico que llegaba al mar y despertaba a todos. Una tribu que no me amamantó, pero me hizo suya, a mí, que llegué ofuscada por la pérdida y por ese baile atroz de la tierra que me estremeció hasta los tímpanos, hace cientos de lunas ya, llegué desorientada y cuando me vieron, me observaron, me olieron y despúes de un consejo decidieron guardarme, enseñarme y aprender de mi lo que pudiera enseñarles. Me dieron un lugar en la tribu todos los que ya se fueron a bailar con las estrellas. Yo aprendí todo lo que se aprende en el silencio y con los ojos cerrados. Aprendí a bendecir las flechas, a limpiar la carne y a lidíar con ese búffalo con el que bailamos todos cuando nos visita y aveces logramos vencerlo. Aprendimos a cuidar el fuego y a alimentarlo para que nunca se apagara y no se expandiera. Conozco todas las yerbas, con las que me ayudo a curarlos, con tés, menjurjes y conjuros, gracias a esa luna que me resguarda y me guiña el ojo en noches claras. Yo, que nací sin deseo de estar con hombre alguno más que de pertenecer al ocaso y al alba de manera permanente. Aquí no nací, llegué con mis pelos de sol y mi piel de nieve, perdida, asustada y sin ningún rumbo, aquí he de morir con mis pelos de reflejo. Mezclé flores, sangre, tierra y lágrimas de enebro y laurel para que decorásemos las paredes de nuestra cueva. Dejamos en nuestros murales, las manos de cada jefe que nos guió y defendió, dejamos nuestras impresiones del mundo que nos rodea, luna tras luna, sabiendo que nuestro equilibrio oscila entre el miedo de un ataque sorpresivo de otra tribu o de un animal y de la tranquilidad que se vive por pertenecer a esta tierra que es blanda y húmeda y nuestra cuna. Aquí, desde la cueva de Altamira, nuestro hogar hoy, patrimonio de la humanidad eternamente.
Inspirado en : "El clan del oso cavernario" por Jean. M Auel.
Impresiones de MarieJeanne Carro
Friday, June 30, 2017
Mi gruta de Altamira
Thursday, June 8, 2017
Escogida
Eras toda alegría, objetivos claros, energía auténtica, eras un remolino, un para de alas extendidas, abiertas, listas.
Eras... como robada de un cuento, una historía inverosímil, una imagen lejana de lo que eres y haces hoy.
Eras tú, o eso pensabas, eras capullo, tesoro enterrado, lo que parecía una higuera verde y frondosa.
Y sin embargo lamentado el pasado de lo que eras, no te has dado cuenta aùn, que sigues siendo alas listas para enseñar a volar, que has anclado tu nido, que eres tesoro de todos tus corazones, y no eres higuera eres orquidea. Blanca o morada, rosa o amarilla, eres delicada, majestuosa, excepcional, única, indestructible, invencible... eres tú, repartida en tus amores, y a ratos, crees que estas hecha un lío, un rompecabezas, un estropicio, que va! No sólo eres mujer de temple, entera y fuerte, eres madre, tierra de semilla fertíl, rama de árbol frondoso, vuelo de águila, rayo de sol, cimiente, roble... eres madre, eres "su" madre!
El otro mundo
Me atreveré a mirar el mundo usando tus hormas,
Me atreveré a sentir la tierra humeda usando tu pasado,
Me atreveré a contemplar el paisaje através de tus ojos.
Me atreveré a beber de tu copa el jugo de tus tristezas.
Entonces comprenderé que el paisaje no es como lo pintan, que la música no es lo que se baila, que la risa son lágrimas acaloradas que los abrazos son sentimientos a flor de piel.
Leere tus libros, andare tus pasos, contare tus carencias y apreciaré mis bendiciones
Thursday, June 1, 2017
Angustia
Empieza de nuevo, cada mañana un recorrido que siempre resulta escabroso, tenebroso. Siempre con la congoja de no saber! Siempre latente el deseo enfermizo por que vivieras en paz y armonía, deseando que estuvieras bien, pero no hay modo, ni lo habrá. La eterna costumbre de responsabilizar de todo al ingenuo, y aquel de querer tener el control del entorno en sus manos, y encargarse de que las cosas giren sin tropiezos y siempre angustiandose de más por que no los hubiera.
Me encuentro cumpliendo espectativas ajenas, no mías y me descubro desatendiéndome. Funestamente atrapada por la insatisfacción ajena. Si bien dicen que cada quien cargue su cruz.
En un silencio luminoso, escuché mi voz como un murmullo, y conecté mis pies a esta tierra, a esta vida, a este plazo de tiempo que es sólo mío
Cantaré con la garraspera de las cicatrices y la libertad de mi voz que crecerá lejos de los problemas que no me atañen.
Dónde quiera que estés... que vuele el viento y te sople cantos de libertad!