Monday, December 12, 2016

Del gris a todos los colores


Que gris es la tristeza que se me pega al alma con aires de nostalgia y ese deseo inmundo de frenar lo que inminentemente va a terminar.
Que gris es esta tristeza que se adhiere a mi alma como miel a la cuchara y me inunda los ojos de lágrimas suaves y tibias, aferrándome a ese divino tesoro de mi memoria que se llama infancia. Dónde mis padres y mis abuelos eran eternos como el sol y protectores como el cielo. Y ahora que alcanzo sus edades, la de aquellos tiempos y escucho las voces que un día fueron ajenas, y ahora se vuelven mias, veo en el espejo la imagen de mi madre, y me sorprendo viendome a mi misma, así debe haber sido siempre, pero yo no lo sabía, porque a mi madre la conocí de adulta y yo de niña era una imagen de lo que ella fue dibujando en su tiempo y en la memoria de a quienes les robo el corazón. Ya me lo decía Santa Feliciana de Cacalomacan, cuando me enseño a coser botones y a planchar servilletas en tardes donde el aire no se movia y el ruido existía solamente para fotografiarse en mis recuerdos y permutarse en mi tiempo. Serán mios, mis recuerdos, dulces y bellos, amargos y cristalinos, algunos filosos y seductores, pero son míos, para revivirlos, exprimirlos, llamarlos y que me acompañen a seguir siendo yo.
Que gris es la tristeza que adorno cada mañana con los colores que me regala el sol, bañándola de alegría y mojándola con lluvia de canto. Gris es mi silencio que bordo con la música suave de tu voz, que mientras exístan todas estas bendiciones, teñiré cada mañana.

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