Sus negras trenzas siempre tejidas desde tempranito, llevaban entremezclado un listón negro. Siempre olía a limpio, sus manos llenas de artritis estaban impregnadas de una suavidad propia de su bondad. Ella toda amabilidad y servicio. Consagró su alma a Dios en las Esclavas del Santisimo Escapulario, su misa diario por devoción y obligación, trabajar y visitar a su madre cada ocho días era su porqué. Tuvo 7 hermanas, todas ellas mujeres cortadas con la misma tijera, nacidas en plena revolución y de las que no hay ninguna evidencia de nacimiento pues los registros no llegaban y las actas de bautizo quedaron calcinadas en los atracos revolucionarios. Emblema típico de la mujer mexicana de antaño, pero ella además... tenía alas.
Honrada, amorosa , tierna, no me alcanzan las palabras para describir a una mujer que lleno los dias de mi infancia de una forma muy peculiar y carismática.
Siempre un sí para todo. Respetuosa y discreta cuidó y apapacho a cuanto niño entró en casa de mis abuelos. Sirvió en esa casa desde 1942 hasta que se retiro en 199?... No puedo decirlo con certeza porque se iva y volvía de visita y se quedaba a trabajar otra vez.
Recuerdo desde mis 4 años, entrar a casa de mis abuelos y correr a la cocina a saludarla, y si llegaba en la tarde me dirijía hasta su cuarto donde se encontraba rezando el rosario, o descanzaba ya sin dejar de balbucear oraciones.
Todos los sábados por la noche mi abuelito veía el box después de cenar, y la invitaba a ver las peleas, ella con su discreta manera de ser, se sentaba en un banquito colocado detrás del sillón de mi abuelita, ponía sus manos en el respaldo del sillón que ocupaba mi abuelita y no pestañeaba. Cuando se terminaba la transmición en vivo desde la Arena México, se levantaba, daba las gracias y se retiraba a su habitación con un paso lento, con la tristeza de todos los derrotados.
Cuantas veces la he llamado a mi auxilio para que me colme de paciencia? Ya ni ella me lleva la cuenta...pero siempre llega con su frase resonando en el hipotálamo: " ay chulita".
Un ángel que coloreo mi vida, la de mis hermanos y primos y tambien la generación de mi madre, sus hermanos y sus 21 primos.
Todos la llamaron Feli. De cariño la llamaban Feliciana y ahora que se ha ido cuando necesito que me socorra, yo la llamo Santa Feliciana de Cacalomacan.
Honrada, amorosa , tierna, no me alcanzan las palabras para describir a una mujer que lleno los dias de mi infancia de una forma muy peculiar y carismática.
Siempre un sí para todo. Respetuosa y discreta cuidó y apapacho a cuanto niño entró en casa de mis abuelos. Sirvió en esa casa desde 1942 hasta que se retiro en 199?... No puedo decirlo con certeza porque se iva y volvía de visita y se quedaba a trabajar otra vez.
Recuerdo desde mis 4 años, entrar a casa de mis abuelos y correr a la cocina a saludarla, y si llegaba en la tarde me dirijía hasta su cuarto donde se encontraba rezando el rosario, o descanzaba ya sin dejar de balbucear oraciones.
Todos los sábados por la noche mi abuelito veía el box después de cenar, y la invitaba a ver las peleas, ella con su discreta manera de ser, se sentaba en un banquito colocado detrás del sillón de mi abuelita, ponía sus manos en el respaldo del sillón que ocupaba mi abuelita y no pestañeaba. Cuando se terminaba la transmición en vivo desde la Arena México, se levantaba, daba las gracias y se retiraba a su habitación con un paso lento, con la tristeza de todos los derrotados.
Cuantas veces la he llamado a mi auxilio para que me colme de paciencia? Ya ni ella me lleva la cuenta...pero siempre llega con su frase resonando en el hipotálamo: " ay chulita".
Un ángel que coloreo mi vida, la de mis hermanos y primos y tambien la generación de mi madre, sus hermanos y sus 21 primos.
Todos la llamaron Feli. De cariño la llamaban Feliciana y ahora que se ha ido cuando necesito que me socorra, yo la llamo Santa Feliciana de Cacalomacan.
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