aplaudía, mi hermana y yo los aventábamos con emoción, sin pena alguna, ni remordimiento ecológico. Los observábamos planear sobre la calle de Parroquia, aterrizar sobre autos, sobre el pavimento, techos de casas o picarle la cabeza a algún transeúnte, algunos en picada y otros planeando lejos hasta perderse, como algunas memorías ... en aquel entonces no valoré la riqueza de ese momento, con carcajadas y brincos de algarabía sostuvimos los cuatro un momento que se convitió en un recuerdo fantástico, que duró mientras utilizamos las siete columnas de papel periódico, cada una de un metro de alto. Cuando se terminó el último ejemplar, nos asomamos a ver esa calle cubierta de noticias impresas en letras negras, que habían dejado de tener importancia. Aquella tarde se dió algo único, que no se repitió, ahora apesar de los años, veo a través de ese recuerdo la imágen del niño que vive en el corazón de todos, apesar del dolor y sus tragedias, ese niño siempre se muere por vivir!
Mariejeanne Carro