En aquel entonces solamente tú sabías lo que albergaba mi mente y la risa que se escondía detrás de mis ojos, hoy, si todavía lo recuerdas, lo sabrías aún.
Tú y yo leíamos versos novatos, nos tumbábamos en la hierba, bajo el aire fresco y el sol de medio día, en silencio, saboreábamos estrofas, esperámos un beso tímido que tardó en llegar 12 sonetos. "Somos polvo de estrellas" leíste y yo te contesté: " ensordecedor reflejo de luna"... nos reímos, soltando los nervios que nos cohibian, desinhibiéndonos con una caricia a la vez.
Nos reunimos la siguiente tarde, leímos versos con las manos entrelazadas, nos besamos en cada estrofa hasta que terminamos mirándonos el alma, con besos que el remordimiento prohíbe, el recuerdo entusiasma y las ganas fecúndan, con besos que callan secretos y provocan encuentros.
Con el paso de los días, continúamos leyendo versos deshojados, deshilvanados mientras marcábamos pasos por la escalera, dejando huella a ese amor que se extendió en el silencio de un ático que albergaba vejestorios, miraba clandestinamente a las estrellas y susurraba chirridos de madera. En el silencio de un mundo que no se percató del penetrante reflejo de la luna ni escuchó el inconfundible canto de las golondrinas [que vuelan como volamos tu y yo], ni se percató del pulso de nuestros corazones. Aquel polvo de estrellas se quedó impregnando aquellos versos que escribimos entre beso y beso, en el silencio de la noche, y cuando sacudo mis recuerdos se desprende aún de mi ser, de manera clandestina en un simple reflejo de luna cargado de sonrisas que me calientan el alma. Y si hubieses sido tú ahora.. hubiésemos volado al infinito...