No son mios, se pertenecen y deseo que lo sepan. Que vivan para sí. Que cumplan sus sueños, que sepan que les gusta y prueben y vibren, que los invada la emoción, que no conozcan límites, ni fronteras de la imaginación. Que su autoestima sea como un roble, bien enraizada y frondosa.
No son míos, yo los formé dentro de mí, sentí en mi vientre el látido de su corazón y sus manitas creciendo, los vi tomar su primera bocanada y vibre hasta la médula con su primer llanto. Les enseñe a volar y les mostré el vacío, los incité a emprender el vuelo, y cuando lo hiceron sin saberlo me llevaron con ellos, y en ese momento me volví totalmente feliz. No son mios porque los hice libres, sin embargo toda yo les pertenezco toda la eternidad, mis hijos, mi canto.