Sunday, January 29, 2017

Entre mascotas, desde Tito hasta Tosti

Porqué los niños siempre quieren una mascota a quien cuidar y querer.
      De niñas, mi hermana y yo hubieramos metido hasta una vaca en el baño si mi mamá no hubiera puesta atención a nuestras peticiones. Teníamos ideada hasta la posición en la que debía permanecer 24 horas al día, comería en la tina que tendría la alfalfa que echaríamos desde la ventana de la terraza y con mover su grupa hacía la izquierda sus heces caerían directamente en el escusado. "Porfavooooor mamaaaaaa", pero la única respuesta ante tan ingenua propuesta fue un tajante y desesperado "NO". Para calmar nuestras ansias de la vaca, mi papá nos compro peces, después hubo dos peceras y hasta acabo mi padre ingeniándoselas para cuidar los huevitos que la madre insistía en deglutir. Siguieron los periquitos australianos, que pusieron huevitos vacios. También tuvimos 2 patos que crecieron bien dados y un día les dió una "misteriosa gripa", mi madre nos daba el parte médico hasta que "fallecieron", pero 20 años después me enteré que los habíamos comido en uno de los suculentos manjares que solía preparar mi madre. Del mercado de Oaxaca trajimos a Tito, un lorito verde que nos enloqueció con su sentatez y deseo por agradarnos. Lo vestíamos con ropa de muñecas y lo amarrabamos a los patines para que experimentara en "plumas propias" algo parecido al vuelo. Se paraba en el escritorio a mirarnos hasta que hubiesemos terminado la tarea, aprendió a repetir su nombre agregando burro y feo, se enloquecía con su imagen en el espejo, nos acompañaba en el hombro, le gustaba mordisquearnos las orejas, para evacuar empezaba a caminar en reversa y mi hermana ponía un trozo de papel de baño y su desperdició caía en el papelito. En cuanto el sol tocaba el horizonte Tito caminaba por todo lo largo del pasillo, como un sabio universitario, en silencio y pensativo, salía por la cocina, caminaba por la terraza, llegaba al cuarto de servicio, trepaba por la cortina cerraba sus ojitos y se quedaba colgadito hasta el amanecer. Se cayó de la terraza un día, y grito sin reparo: "tito burrrrrrrro" hasta que mi madre lo escuchó, lo encontró y mandó a su rescate. Bastante golpeado con la caída apenas sostenía su cuerpecito y mi madre lo animó con tequila y cajeta, después de un rato ya andaba bailando y cantando "La cucaracha". Nos alegró tardes y tardes hasta que cayó en las fauces de un schnauzer.
      Un sábado en la tarde, encontramos un hermoso dálmata en el periférico, mi papá lo cargo y lo llevamos a casa, educado por nacimiento, nos miraba con ojos lánguidos, se quedó un mes hasta que apareció su dueño para suerte de mi madre, que sufría al ver a ese animal tan grande en el departamento. Tosti, llegó por casualidad, mi prima lo vió en venta en una calle de un pueblo de Morelos y le pagaron a la campesina una cantidad risible. El cachorrito tenia un pelo hermoso y dió centellas de parientes multiraciales algo entre: spaniel, papillon, pequines y corgi; el resultado un noble callejero, racista hasta la médula. Aprendió a dar la patita hasta tirarse al piso y arrancar carcajadas,  era el amor de mascota de mi hermana. Tosti se murió sin tener crios, pero adoptó a un cachorro pastor alemán que también fue parte del "zoologico" familiar, desde el primer momento le triplicaba el tamaño, una relación simpática y peculiar, la chiquita y vieja era la madre y el joven gigantón el hijo, así se portaron siempre y hasta parecía pedir permiso para entrar a la misma casita. A uno se lo llevó el moquillo a los 3 años y Tosti quedó amargamente marcada. Se murió de vieja. Tambien desfilaron Mr magoo, un sharpei que quedo ciego ya que las arrugas no sólo las tienen en la piel, sino que hasta el párpado las tiene y a fuerza  de parpadear le raspaban la retina, pero era muy  animoso y también tuvimos un salchicha "shultz" al que le corrían las patas traseras más rápido que las delanteras y tenía un fuerte delirío de doberman. Hubieron hamsters, tortugas, conejos y hasta un puerquito.
Para mis hijos han habido tortugas, peces, conejo y el mejor de todos, un Golden Retriever, que responde al nombre de Bolt, obediente, jugueton, noble, interesado en la plática y con un oido de experto para escuchar, pegado al piano, horas interminables de prácticas. Historias y risas y anécdotas que todos compartimos, como cada familía tendrá y tienen cuando acojen y adoptan a uno de estos animalitos, llenos de ternura, creando un ambiente diferente en cada casa en la que se alojan. Las mascotas no son un capítulo más en la vida, las mascotas son unos seres que nos acompañan en cada capítulo de nuestra vida dando muestra de un cariño totalmente desinteresado y transparente.
Las mascotas son familia.

Thursday, January 5, 2017

El destino (impresiones sobre Lalaland)

El destino juega trampas, dejando los cabos de hilos sueltos, que encontramos en momentos inesperados. Nos pone frente a frente, con los recuerdos vivos, para probarnos el temple, la cordura, la entereza, y mostrarnos cuanto viven los corazones que se aman.
Los corazones se curten en la lucha, algunos se separan por respeto o por miedo, y en ese encuentro se congelan en el: " que hubiera sido"... desbalanceándose, para mirarse y desconcentrarse.
Con un beso, como con un contrato, se cierran encuentros, como si con una lágrima se pudiera abrir un nuevo capítulo y escribir con tinta vieja páginas nuevas. Se queda marcada el alma, con cicatrices que no las borra ni el tiempo. Asi viven los corazones que se aman en la sencillez, en la dulzura y aveces en un amargo silencio que nos empuja a ser resilientes.
    El destino nos juega trampas para recordarnos que no siempre acertamos en las decisiones que tomamos porque no sabemos escuchar la música del corazón.